miércoles, 9 de diciembre de 2009

Crece interés de productores por cultivos bajo invernaderos

En los tres invernaderos que tiene la ULA en el Instituto de Investigaciones Agropecuarias, el agricultor regional puede aprender a cosechar flores, hortalizas y frutas.



Aunque desde el año 2004 para acá, no se tienen datos precisos, se calcula que, actualmente, en Venezuela existen unas 120 hectáreas cultivadas bajo el sistema de “invernaderos”, distribuidas en los alrededores de Caracas y en los estados andinos, especialmente en Mérida.
El auge esta especialidad, de acuerdo con el profesor Ramón Jaimez, biólogo y ecólogo tropical adscrito al Instituto de Investigaciones Agropecuarias, IIAP, de la Facultad de Ciencias Forestales y Ambientales de la Universidad de Los Andes, se debe fundamentalmente a factores ambientales y calidad de cosechas y, en los últimos años, a que en el país se cuentan con empresas proveedoras nacionales de este tipo de técnicas adaptadas a climas tropicales, que nada tienen que envidiar a las europeas o norteamericanas, sitios donde el cultivo en invernaderos tiene muchos más años de historia.
Esta motivación entre los agroproductores hizo que el IIAP, entre sus cursos académicos y de extensión, incluyera el manejo de cultivos bajo invernaderos entre su programa de talleres habituales, con tal éxito, que muchos han tenido que repetirse ante la alta demanda. Son muchos los agricultores de la región que quieren aprender cómo se cultivan diferentes rubros bajo estos sistemas cubiertos, y cuáles son sus ventajas.
En este primer semestre ya se han dictado dos talleres, informó Jaimez, y se prevén otros para el segundo semestre del año. La sede del IIAP en Santa Rosa, que tiene varios tipos de invernaderos, sirve para las clases teóricas y prácticas.

Casas de Cultivo
El término invernadero, como su nombre lo indica, refiere a una plantación agrícola cubierta bajo techo para proteger la cosecha de las bajas temperaturas durante el invierno. Jaimez enfatiza que en las zonas tropicales, como Venezuela, se prefiere llamar a este sistema de cubierta bajo plástico: “casa de cultivo”.
“Conceptualmente, informa Jaimez, es una casa resguardada del clima externo con una serie de técnicas que permiten manejar con mayor facilidad el riego de los cultivos, el control de plagas y el clima interno, esto último dependiendo del lugar donde esté ubicada, porque en Venezuela sólo nos falta desarrollar más las tecnologías de climatización interna”.
Destacó que aún cuando países tropicales como Colombia y Brasil tienen más años de desarrollo en estas técnicas, en Venezuela poco a poco ha crecido el interés de los agroproductores, especialmente en los dedicados a cierto tipo de hortalizas y floricultores.
“Para el año 2004 se tenían cifras precisas de 70 hectáreas cultivadas bajo esta modalidad. Hoy no se llevan cifras exactas pero se calcula que este número ha crecido a unas 120 hectáreas. Los Andes, especialmente Mérida, es una de las regiones en donde existen mayores cultivos en invernaderos. Por eso presentamos la propuesta de los talleres prácticos para enseñar y profundizar conocimientos sobre cómo sembrar diferentes tipos de cultivos”.

Invernaderos a la venezolana


“Por cuestión de costos y rendimiento, el productor venezolano prefiere controlar su invernadero con el clima externo -señala el profesor Jaimez-. De allí que estos invernaderos tropicales son, básicamente, casas de cultivo parcialmente aisladas del clima externo donde se puede controlar el riego y la fertilización con técnicas que se adecúen a las facilidades o posibilidades del productor”.
En las zonas altas de Mérida existen “invernaderos” creados por los propios productores que, con ingenio, han adaptado la información existente en Internet, revistas especializadas y su interacción con especialistas, a sus propias necesidades, con un alto rendimiento.
“El problema, recuerda Jaimez, es que aún existe mucha desinformación, no tanto sobre cómo hacer un invernadero, sino la forma de colocarlo y su orientación y tamaño, pues ésta depende de la altitud, humedad de la zona y otros factores. Un invernadero mal colocado puede arruinar el cultivo y, por tanto, convertirse en una pérdida económica y de tiempo. Esto es lo que nosotros tratamos de remediar en el IIAP”.

Escuela para agricultores
Las deficiencias de los invernaderos locales hicieron que, desde hace unos siete años, los agricultores locales visitaran a los técnicos y especialistas del IIAP para buscar solución a los problemas que confrontaban con sus rudimentarias casas de cultivo.
De allí se fue creando la necesidad que condujo a los talleres prácticos que varias veces al año se dictan en este instituto sobre invernaderos. Desde poblaciones como Timotes, Bailadores y Pueblo Llano, donde tradicionalmente se ha cultivado bajo estos sistemas, han llegado hasta el IIAP los requerimientos de ayuda.
Esto se debe, en gran medida, a que este instituto tiene ya años investigando sobre esta técnica y sus potencialidades. En sus terrenos del sector Santa Rosa, en La Hechicera, cuentan con tres invernaderos y un propagador, dedicados a cultivar gerberas (flores), pimentón, fresas y espinacas, además de un semillero.
La idea es, de acuerdo con el profesor Jaimez, que a partir del próximo mes de septiembre se puedan ofrecer cursos prácticos más especializados sobre la técnica de los invernaderos, para que los productores andinos y de todo el país puedan perfeccionar la técnica.
Es un proyecto ambicioso, porque se pretende que un grupo pequeño de productores pueda, durante un mes, pasar por los tres invernaderos y el propagador, de manera que aprenda a cultivar bajo una casa cubierta, todo tipo de rubros, desde flores, hasta frutas.
Ramón Jaimez dijo que las puertas del IIAP de la ULA están abiertas a los productores locales y nacionales que quieran aprender las técnicas de las casas de cultivo o “invernaderos”, y pueden acudir a la sede del instituto en Santa Rosa, o precisar mayor información sobre los cursos por los teléfonos 2401577 y 2401575.

Comienza tu negocio en invernadero



Consejos aplicables para comenzar un negocio de producción de frutas y hortalizas en invernadero

Personas interesadas en ingresar en el negocio de producción de frutas y hortalizas en invernadero, necesitan obtener conocimiento básico de las diferentes facetas de producción. Aprende cómo entrar en la industria apropiadamente.


Conoce a tu cliente

Necesitas conocer quiénes son tus clientes y sus preferencias, ya que éstos dictaran no sólo las variedades a cultivar, sino también la localización del invernadero. Necesitas una buena evaluación del mercado que te sirva de guía.


Por ejemplo, una modalidad interesante es producir para los mayoristas. Los productores son contratados por el comprador, antes de comenzar la producción. Usualmente los precios y cantidades son acordados antes de la compra de insumos. Este tipo de contrato le permite al productor concentrarse en sólo algunos cultivos, y asegura la compra de su producción — de seguir el acuerdo de cantidad y calidad de producto. Sin embargo, el productor se hace dependiente de uno que otro cliente solamente.


Selecciona tu invernadero
Un invernadero tipo quonset es usualmente el menos caro para construir y tiene menos elementos estructurales, los cuales interfieren con la luz.

Existen varios tipos de cubiertas, entre ellas:
1. láminas de acrílico
2. plástico de policarbonato
3. fibra de vidrio
4. polietileno

Entre las cubiertas, el polietileno es la más cara, dado a que necesita ser tratada con un inhibidor ultravioleta, para poderla proteger de los rayos ultravioletas. Cada tratamiento de químico añadido al polietileno, incrementa su costo.


Costos de construcción


Los costos varían grandemente, dependiendo de los materiales y equipo seleccionado al construir un invernadero. Al seleccionar materiales de construcción ten cuidado de no sacrificar la calidad de la construcción por obtener costos de inversión más bajos. La misma cautela debería aplicarse al evitar comprar demasiados accesorios para el invernadero.

Estructura interna

El marco del invernadero debería ser comprado considerando la carga que ha de sostener, expectativa de vida y uso, y fuerza requerida. Tubos de acero galvanizado y de aluminio son buenas opciones para la elección de la estructura de tu invernadero.


El piso del invernadero también puede afectar sustancialmente los costos de inversión, y depende de la preferencia del priopietario. Entre las opciones:
1. Tela sobre la tierra del suelo y gravilla en los pasillos
2. Tierra en el suelo
3. Suelo completamente cubierto por gravilla
4. Suelo de cemento

Los bancos para las plantas también pueden incrementar los costos, dependiendo del tipo de material utilizado para su construcción. En cuanto a maquinaria, el productor debería considerar las ventajas y desventajas del equipo automatizado en el invernadero.

El equipo automatizado en el invernadero puede reducir la mano de obra, dependiendo del nivel de automatización que el productor puede adquirir. Un productor necesita determinar si la mano de obra necesaria para operar el invernadero está disponible o no en la zona.

Costo de inversión


La producción en invernadero pudiera requerir un año o más de atención desde el día de siembra hasta que la cosecha esté lista para la venta. Los costos asociados con la producción van a acumularse mucho antes de que la cosecha empiece a reportar ganancias.

El productor necesita considerar el costo de inversión necesario para poder mantener la cosecha un ciclo entero y tener dinero adicional para asumir cualquier déficit, hasta poder ver retornos de su inversión.



Tamaño Minimo para un Invernadero



¿Cuál debe ser el tamaño mínimo de un invernadero? Esta pregunta no tiene una sola respuesta, pues depende de la expectativa de negocio de cada persona, siendo ésta diferente para el productor de subsistencia y para el de alto nivel comercial.

¿Cuál debe ser el tamaño mínimo de un invernadero? Esta pregunta no tiene una sola respuesta, pues depende de la expectativa de negocio de cada persona, siendo ésta diferente para el productor de subsistencia y para el de alto nivel comercial.


Pero podríamos tener una aproximación para los pequeños productores si consideramos que su invernadero debe ofrecerle un ingreso mínimo para el sostenimiento de su familia.

Este ingreso mínimo deseable se puede definir de acuerdo con muchas variables, pero si en campo el jornal se paga en 50 pesos diarios aproximadamente y el productor y su familia realizan actividades adicionales (agropecuarias o no) para complementarlo, supondremos que la expectativa del ingreso familiar deseable pueda ser del doble, o sea 300 pesos al día, equivalente a 8,400 mensuales y 109,500 anuales.

En un análisis realizado con pequeños productores de invernadero por el Centro de Desarrollo Tecnológico Salvador Lira López de FIRA (CDT) en Michoacán, en el cual se comparan diferentes tamaños de unidades productivas que producen tomate y nochebuena -que estará disponible próximamente en el portal de Internet de FIRA- se determinó que para lograr un ingreso familiar de 110,000 pesos anuales, se requieren invernaderos de los siguientes tamaños.

Un invernadero de tomate de 3,000 metros cuadrados requiere una inversión de 866,000 pesos en infraestructura, ingresos por 487,500 pesos, costos de producción de 430,714 pesos -incluyendo depreciaciones y mano de obra- y un saldo de 56,786 pesos.

Considerando los costos de mano de obra familiar se tendría un ingreso total de 134,186 pesos.

Para un invernadero de nochebuena de 4,000 metros cuadrados, la inversión requerida es de 523,200 pesos en infraes­tructura, ingresos por 409,885 pesos, costos de producción de 358,058 pesos y un saldo de 51,827 pesos.

Con la mano de obra familiar, el ingreso total es de 111,794 pesos.

La producción de estos cultivos es una alternativa de negocio para este nivel de productores, si se tiene un tamaño mínimo de invernadero y el productor cuenta con una adecuada capacitación, misma que puede obtenerla en los cursos del Centro de Desarrollo Tecnológico Salvador Lira López.


METODOS DE CONTROL DE LA MOSCA BLANCA BEMISIA TABACI

1. LA MOSCA BLANCA DEL TABACO BEMISIA TABACI.

Con el nombre vulgar de moscas blancas Son conocidos los insectos de la familia Aleyrodidae cuyos adultos tienen el cuerpo recubierto de una fina capa de polvo blanco de aspecto harinoso (aleyron = harina), producido por unas glándulas ventrales.


Bemisia tabaci, conocida también como mosca blanca del algodonero o de la batata, tiene su origen en las regiones del centro del oriente asiático. Recientemente, un biotipo nuevo (biotipo nuevo para algunos taxónomos o especie nueva para otros) se ha extendido, en corto plazo de tiempo, por diversas regiones europeas y americanas, originando grandes pérdidas en los cultivos afectados. Este biotipo, tan agresivo, parece originario de Sudamérica y añade a la gravedad de los daños directos, el peligro de ser vector de un gran número de virosis, entre las que se encuentran algunas que afectan al tomate.


Se trata de una especie polífaga que parasita más de 300 especies de plantas, pertenecientes a más de 63 familias botánicas, incluyendo ornamentales, malas hierbas y cultivos hortícolas. Pero este biotipo B se ha encontrado asociado a más de 600 especies de plantas distintas, extendiéndose por las regiones tropicales y subtropicales; así como en los invernaderos o cultivos protegidos de regiones templadas.

2. MORFOLOGÍA Y CICLO DE VIDA.

Las especies de mosca blanca presentan cuatro estados diferenciados: huevo, larva, pupa y adulto. A su vez el estado de larva tiene tres estadios (I, II y III). Existen algunas discrepancias en la utilización del término pupa, que no lo es realmente, ya que existe alimentación en la primera parte del estado, y la transformación en adultos se produce en la parte final del mismo, sin que exista una muda pupal. Por ello sería más correcto el nombre de ninfas en lugar de larva (I, II y III) y ninfa IV para la pupa. Sin embargo la terminología larva-pupa sigue utilizándose en la actualidad.

Los adultos, revestidos de una secreción cérea pulverulenta blanca, tienen los ojos de color rojo oscuro, con dos grupos de omatidias unidas en el centro por una o dos de ellas. En reposo las alas se pliegan sobre el dorso formando un tejadillo casi rectangular.
Los huevos son elípticos, asimétricos. Las larvas son ovaladas, aplanadas, de color blanco amarillento y translúcidas. En todos los estadíos el contorno es irregular.

La hembra deposita preferentemente los huevos en el envés de las hojas, unidos a ellas mediante un pedicelio que es insertado en el tejido hospedante, aunque en algunos cultivos prefiere el haz. Los huevos se disponen de forma aislada, en grupos irregulares o en semicírculos, los cuales traza a modo de abanico con su abdomen sin moverse del sitio, pues no abandona su actividad de comer mientras los pone. Pueden o no estar recubiertos por una secreción cerosa blanca.

El estado larvario dura aproximadamente un mes. Durante los tres primeros estadios, la larva se alimentará succionando jugo de la planta de tal forma que, en caso de que esta se secase o muriese, ella también moriría. En el primer estadio se mueve unos pocos milímetros para buscar su propio lugar y clava su aparato bucal en el tejido de la planta. El segundo estadio es típico por la cremosa transparencia y por el desarrollo de patas y antenas rudimentarias. En el tercer estadio aumenta el tamaño y es de una transparente cremosidad. En el cuarto y último estado larvario no es necesaria la ingesta de alimento, adquiere un color verdeamarillento, empieza a abultarse y se hacen visibles dos ojos rojos. Transcurridas las cuatro semanas emergen el adulto de la pupa.

El tiempo de desarrollo de esta especie de mosca blanca depende principalmente de la temperatura, de la planta huésped y de la humedad. Algunos investigadores han estudiado la duración del desarrollo de huevo a insecto adulto a diferentes temperaturas. En algodón el ciclo suele ser de dos a tres semanas en verano. El tiempo necesario para el desarrollo es menor según aumentan las temperaturas. El desarrollo del insecto es óptimo a temperaturas altas (unos 30-33º C). Por encima de 33º C el ritmo de desarrollo decrece rápidamente de nuevo. No sólo es importante el tipo de planta huésped, sino también la calidad nutricional del cultivo. Situaciones de estrés tales como una baja intensidad luminosa, altas temperaturas y extrema humedad, pueden influir sobre el desarrollo directa o indirectamente.

3. DAÑOS CAUSADOS POR B. TABACI EN CULTIVOS EN INVERNADERO.

Los daños causados por esta especie de mosca blanca en cultivos hortícolas en invernaderos pueden ser:

a) Directos. Producidos por la succión de savia. En este proceso se inyectan toxinas a través de la saliva lo que ocasiona el debilitamiento de la planta y a veces manchas cloróticas. En ataques intensos se producen síntomas de deshidratación, detención del crecimiento y disminución del crecimiento.

b) Indirectos. Producidos por la secreción de melaza y posterior asentamiento de negrilla (Cladosporium sp.) en hojas, flores y frutos; lo que provoca asfixia vegetal, dificultad en la fotosíntesis, disminución en la calidad de la cosecha, mayores gastos de comercialización y dificultad en la penetración de fitosanitarios.

c) Transmisión de virus. Bemisia tabaci es capaz de transmitir gran cantidad de virosis. De entre ellas un buen número afectan al tomate. Se conoce su eficacia en la transmisión de enfermedades como:

* Tomato Yelow Leaf Curl Virus (TYLCV).
* Tomato Yelow Mosaic Virus (TYMV).
* Tomato Leaf Curl Virus (TLCV).
* Chino del tomate (CdTV).
* Tomato Golden Mosaic Virus (TGMV).
* Tomato Yellow Dwarf Virus (TYDV).
* Leaf Curl Chili Virus (LCChV).
* Yellow Mosaic French Bean Virus (YMFBV).
* Tomato Mottle Virus (TMOV).

De todas estas virosis la primera es, en la actualidad, el más extendido y pernicioso en las áreas mediterráneas, al originar una parada casi total en el desarrollo de las plantas afectadas.

La enfermedad del virus del rizado amarillo del tomate (TYLCV) o “virus de la cuchara”, como se conoce coloquialmente, es de reciente introducción en la Península Ibérica. Su fuerte incidencia en los cultivos de tomate bajo invernadero, llevando incluso al arranque de parcelas, hace imprescindible el control de su vector. La transmisión del TYLCV por Bemisia tabaci se realiza de forma persistente circulativa. Es adquirido, tanto por las larvas como por los adultos, al alimentarse del floema de las plantas infectadas. El periodo de adquisición oscila entre 15 y 30 minutos, necesitando de un tiempo similar para inocularlo. Los adultos son capaces de transmitir el virus antes de las 17 horas después de su primera ingestión, permaneciendo infectivo durante más de 8 días, hasta un máximo de 20 días. Durante ese periodo la infectividad del vector disminuye progresivamente, pudiendo readquirirlo en sucesivas alimentaciones. En ningún caso el virus se transmite a la progenie. Los síntomas en las plantas pueden aparecer a los 15 o 20 días después de ser inoculado el virus por el vector.

Al biotipo B se le considera menos eficaz que al biotipo A en la transmisión, aunque su polifagia y sus elevadas potencialidades multiplicativas hacen que se contemple como el principal dispersador de la enfermedad.

La condición de vector hace que, en las zonas donde coincide con las virosis, los niveles poblacionales de intervención sean muy inferiores a los que se establecen para la plaga productora de daños directos. Los riesgos de mayor incidencia de la enfermedad se producen en el verano y en el otoño, cuando las poblaciones alcanzan niveles máximos.

4. MÉTODOS DE LUCHA.

Dada la importancia de la mosca blanca Bemisia tabaci, así como los cultivos por ella afectados a nivel mundial, son muy variados los métodos de lucha ensayados y puestos a punto contra la misma. A continuación se hace una revisión, incluyendo aspectos de umbrales económicos y técnicas de muestreo, necesarios para un control efectivo racional de dicha plaga.

4.1. Técnicas de muestreo.

Las técnicas de muestreo para esta especie de mosca blanca se pueden dividir en dos grupos: aquellas destinadas al seguimiento de estados inmaduros, y las que tienen como objetivo los adultos.
Para el caso de los adultos, las técnicas de muestreo mediante trampas cromáticas adhesivas han sido ampliamente utilizadas, con buenos resultados. Para el muestreo directo en planta, de estados inmaduros han sido desarrollados métodos tanto en cultivos en invernadero como al aire libre, con estima de la población relativa o para ausencia/presencia (muestreo binomial). En cultivos en invernaderos del sur de España dicha técnica está totalmente desarrollada mediante muestreo binomial.

4.2. Métodos físicos y agronómicos.

En los invernaderos, una serie de prácticas culturales pueden contribuir a paliar la incidencia de B. tabaci:

* Antes de plantar se deben eliminar las malas hierbas portadoras y los restos de cosechas anteriores en el interior y alrededores del invernadero.
* Se debe procurar el empleo de plantas sanas que no vengan contaminadas del semillero.
* Colocación de doble malla en las bandas y cumbreras de los invernaderos y colocación de doble puerta o malla en la entrada de los mismos. Esto permite paliar de forma eficaz los efectos de la plaga y sobre todo del virus que transmite (TYLCV). Mallas de 20 x 10 hilos/cm impiden el paso de los individuos más pequeños de B. tabaci, siendo muy restrictivas las mallas de 15 x 15 hilos/cm y 12 x 12 hilos/cm., con resultados satisfactorios en condiciones de campo.
* En el caso de tener que prevenir la virosis, es preciso aplicar otros medios de control complementarios (químicos o biológicos), pues, las condiciones que crean las mallas en los invernaderos, hacen que las poblaciones penetradas se multipliquen mejor y puedan extender la enfermedad en el interior del invernadero. Esta medida tiene mayor interés aún en las instalaciones destinadas a la producción de plantas, para evitar la infección precoz y la dispersión de la enfermedad en el material vegetal de plantación. Se aconseja arrancar y eliminar inmediatamente las plantas afectadas por virus durante el cultivo y la eliminación de malas hierbas, posibles reservorios del vector y/o virus.
* El empleo de trampas cromáticas amarillas (placas pegajosas) está indicado para la detección de las primeras infestaciones por la plaga, el seguimiento de las evoluciones de las poblaciones y par facilitar la toma de decisiones a la hora de realizar las intervenciones.

4.3. Resistencia y tolerancia.

La utilización de variedades comerciales resistentes a la plaga o al TYLCV, no es posible todavía en la mayor parte de los casos. Sin embargo el descubrimiento de variedades tolerantes o resistentes para el vector y el TYLCV añade una nueva dimensión en el control de esta plaga y probablemente sea el camino más eficaz. Las variedades actuales de tomate no son suficientemente resistentes a TYLCV, pero existen especies silvestres con diferentes niveles de resistencia.

4.4. Métodos químicos.

En los cultivos al aire libre el control se realiza, básicamente, por métodos químicos. Una amplia gama de piretroides (cipermetrín, deltametrín, fenpropatrín, fluvalinato, bifentrín, permetrín, alfacipermetrín, cihelatrínlambda, ciflutrín, etc.) presentan aceptables niveles de eficacia, siendo recomendados con cierta asiduidad. Los productos reguladores del crecimiento como el buprofecín o el teflubenzurón capitalizan el control químico, pues además de presentar aceptables niveles de eficacia, respetan los enemigos naturales, que en determinadas zonas y épocas del año resultan bastante frecuentes. Estos productos son alternados con el empleo de endosulfán para controlar los adultos inmigrantes.

La aplicación de estos productos debe ser la adecuada ya que de ello depende la eficacia del tratamiento. El hecho de que las poblaciones se sitúen en el envés de las hojas condiciona la eficacia de los productos que actúan por contacto, siendo aconsejable la adición de mojantes. Las aplicaciones se llevarán a cabo cuando se inicie la instalación de la plaga en los cultivos jóvenes y en épocas propicias para su desarrollo. Cuando el cultivo esté avanzado y la época no sea la propicia se podrán dilatar las intervenciones. El tiempo entre tratamientos se verá reducido si las poblaciones de la mosca pueden ser portadoras de virosis. En este caso, habrá que seleccionar productos que resulten eficaces en el control de los adultos, como el endosulfán, citado anteriormente.

La estrategia en la elección de las materias activas habrá de tener en cuenta la facilidad de la especie para desarrollar resistencia. En cuanto a B. tabaci, la gama de materias activas utilizables es bastante reducida, dado que el biotipo B se caracteriza por su alto nivel de resistencia a muchos derivados organofosforados y carbamatos. Se obtienen controles satisfactorios con productos como fepropatrín, metomilo, buprofecín, imidacloprid y endosulfán.

4.5. Métodos biológicos.

En los últimos 20 años han sido abundantes los trabajos encaminados a buscar enemigos naturales y métodos alternativos para el control químico de B. tabaci, sobre todo para su aplicación en cultivos protegidos. Esto ha cobrado mayor importancia con la aparición y expansión de esta plaga. Sin embargo dentro de los autóctonos almerienses, existen hasta la fecha pocos enemigos naturales identificados y pocas especies que hayan sido probadas para el control biológico de esta plaga.

De entre los depredadores, cabe destacar la actividad de algunas especies de chinches de la familia Miridae que con cierta frecuencia se asocian al cultivo, tanto al aire libre como en invernadero. Macrolophus caliginosus, Dicyphus tamaninii, D. errans, Cyrtopeltis tenuis son consumidores activos de larvas de mosca blanca. De ellas M. caliginosus ofrece las mejores condiciones para su empleo en el control de la plaga en cultivos protegidos. Las sueltas en el cultivo deben realizarse al principio de la infestación cuando las poblaciones de mosca son bajas. Estas especies, junto a Macrolophus nubilus pueden ocasionar daños a la planta, cuando las poblaciones son elevadas y los niveles de presa bajos, sin que tengan repercusiones de consideración.

Distintas especies de Anthocoridae (Orius laevigatus, O. majusculus, O. niger, O. sauteri, etc.) se nutren, ocasionalmente, de larvas de mosca blanca, aunque su incidencia en la regulación de las poblaciones parece escasa.
En las plantas que actúan como reservorios naturales, el coleóptero Delphastus pusillus (catalinae), el díptero Achetoxenus formosus y el neuróptero Chrysoperla carnea pueden aparecer, en determinadas épocas del año, en cantidades importantes y limitar el crecimiento de la plaga.

Cuando la humedad relativa es elevada, algunas larvas son afectadas por hongos entomopatógenos. Verticillium lecanii, Paecilomyces farinosus, P. fumosorosus o Aschersonia aleyridis han sido aislados de momias de larvas de mosca blanca. Del primero se comercializa un preparado, indicado para usar en cultivos protegidos, al requerir de un grado higrométrico elevado para infectar las larvas.

Varias especies de Himenópteros Aphelinidae parasitan a B. tabaci. Quizás Eretmocerus mundus es el parasitoide más ampliamente extendido en las áreas mediterráneas, siendo muy abundante en el otoño. Las temperaturas y las condiciones ecológicas pueden condicionar la actuación de estos auxiliares, que ejercen buen control en algunos hospedantes alternativos. También destacan varias especies de Encarsia (E. formosa, E. lutea, E. cibcensis, E. deserti, E. reticulata, E. nigricephala, E. transvena, E. tabacifora, etc.) que parasitan a esta mosca blanca, aunque su eficacia es menor.

4.6. Métodos de lucha integrada.

La Lucha Integrada es el método de control de plagas y enfermedades en el que se emplean conjuntamente productos químicos, insectos útiles y prácticas culturales. El objetivo fundamental de este tipo de agricultura, es el control racional y eficaz de las plagas y enfermedades, reduciendo la cantidad de residuos de los productos que se van a recolectar.

Varios programas de lucha integrada, fundamentalmente en tomate y en pepino, se han puesto a punto y se emplea, a nivel comercial, en varias partes del mundo en invernadero. Hasta la fecha el control de B. tabaci en Almería se ha basado casi exclusivamente en la Lucha Química, pero actualmente se han desarrollado, y aplican a nivel comercial, programas de lucha integrada en los principales cultivos hortícolas de invernadero para su control.



viernes, 4 de diciembre de 2009

MANEJO DE NUTRIENTES POR FERTIRRIEGO EN SISTEMAS FRUTIHORTICOLAS



Resumen

El método de "fertirriego" combina la aplicación de agua de riego con los fertilizantes. Esta práctica incrementa notablemente la eficiencia de la aplicación de los nutrientes, obteniéndose mayores rendimientos y mejor calidad, con una mínima polución del medio ambiente.

El fertirriego permite aplicar los nutrientes en forma exacta y uniforme solamente al volumen radicular humedecido, donde están concentradas las raíces activas. Para programar correctamente el fertirriego se deben conocer la demanda de nutrientes en las diferentes etapas fenológicas del ciclo del cultivo. La curva óptima de consumo de nutrientes define la tasa de aplicación los nutrientes, evitando así posibles deficiencias o consumo de lujo.

Las recomendaciones del régimen de fertirriego para los diferentes cultivos están basadas en la etapa fisiológica, tipo de suelo, clima, variedades y otros factores agrotécnicos. Especial atención debe prestarse al pH, la relación NO3/NH4, la movilidad de los nutrientes en el suelo y la acumulación de sales.

La producción de hortalizas en invernaderos con sustratos artificiales requiere de sistemas de fertirriego sofisticados y automatizados. Para cítricos, frutales y cultivos a campo abierto se aplican sistemas de fertirriego sencillos y manuales. Distintos métodos de dosificación, preparación de soluciones fertilizantes, equipos de inyección y monitoreo son presentados, según los diferentes requisitos que presentan estos dos sistemas de cultivo.



Introducción

Israel es un pequeño país el cual más de la mitad de su superficie tiene un clima de árido a semi-árido. Cerca de la mitad del área cultivada (200,000 Has) debe ser irrigada debido a la escasez de lluvias y otros recursos hídricos. Más del 80% de la superficie irrigada en Israel usa el método de "fertirriego", que combina la aplicación de agua de riego con los fertilizantes. Esta práctica contribuye a la obtención de rendimientos más altos y de mejor calidad, al incrementar notablemente la eficiencia de la aplicación del fertilizante.

Los cultivos de invernadero en Israel son fertilizados exclusivamente a través del sistema de riego empleando las más modernas y avanzadas técnicas de fertirriego. La producción israelí de hortalizas, flores, plantas ornamentales y especias bajo invernadero abarca más de 3,000 Has. La hidroponía en Israel cubre un área de 700 Has, siendo los cultivos principales el tomate, ají, frutilla y flores, cultivados sobre sustratos artificiales como piedra volcánica, lana de roca y perlita. En estos sistemas, el equipo de fertirriego es muy sofisticado y completamente automatizado. La mayoría de los invernaderos están computarizados, con control automático del fertirriego y del clima, lo cual permite la producción fuera de estación de altos rendimientos y con calidad de exportación.

Israel es un ejemplo sin par en el uso de fertilizantes por fertirriego. En 1996, el productor israelí aplicó un promedio de 115 kg N/Ha, 46 kg P2O5/Ha y 58 kg K2O/Ha. Más del 50% del N y del P2O5, y 65% del K2O es aplicado a través del fertirriego (Tarchitzky y Magen, 1997).
Ventajas del fertirriego

Con el fertirriego, los nutrientes son aplicados en forma exacta y uniforme solamente al volumen radicular humedecido, donde están concentradas las raíces activas. El control preciso de la tasa de aplicación de los nutrientes optimiza la fertilización, reduciendo el potencial de contaminación del agua subterránea causado por el lixiviado de fertilizantes.

El fertirriego permite adecuar la cantidad y concentración de los nutrientes de acuerdo a la demanda de nutrientes durante el ciclo de crecimiendo del cultivo. El abastecimiento de nutrientes a los cultivos de acuerdo a la etapa fisiológica, considerando las características climáticas y del suelo, resulta en altos rendimientos y excelente calidad de los cultivos.

Cuando se usa métodos de riego a presión (goteo, aspersores, microaspersores), el fertirriego no es opcional, sino absolutamente necesario. Bajo riego por goteo sólo el 20% del suelo es humedecido por los goteros, y si los fertilizantes son aplicados al suelo separadamente del agua, los beneficios del riego no se verán expresados en el cultivo. Esto se debe a que la eficiencia de la fertilización disminuye mucho ya que los nutrientes no se disuelven en las zonas secas donde el suelo no es regado. El fertirriego es el único método correcto de aplicar fertilizantes a los cultivos bajo riego (Burt et al, 1998).
Fertilizantes para fertirriego

La entrega directa de fertilizantes a través del sistema de riego exige el uso de fertilizantes solubles y sistemas de bombas e inyectores para introducir la solución nutritiva en el sistema de riego. Un pre-requisito esencial para el uso de fertilizantes sólidos en fertirriego es su completa disolución en agua. Ejemplos de fertilizantes altamente solubles apropiados para su uso en fertirriego son: nitrato de amonio, cloruro de potasio, nitrato de potasio, urea, monofosfato de amonio, monofosfato de potasio, etc.

En sistemas intensivos como invernaderos y/o sustratos artificiales, la solución nutritiva debe incluir calcio, magnesio y micronutrientes (Fe, Zn, Mn, Cu, B, Mo). El hierro debe se suministrado como quelato porque las sales de hierro, como por ej. sulfato de hierro, son muy inestables en solución y el hierro precipita facilmente. En caso de aguas duras, se debe tomar en cuenta el contenido de Ca y Mg en el agua de riego.

Fertilizantes simples:

Los agricultores pueden preparar sus soluciones madre nutritivas disolviendo y mezclando dichos fertilizantes simples, obteniendo así formulaciones "a medida" con distintas concentraciones y relaciones N:P:K, de acuerdo a las necesidades nutricionales de cada cultivo y de cada etapa fisológica.

Soluciones NK, PK y NPK cristalinas con contenido de por lo menos 9-10% de nutrientes (N, P2O5, K2O) en base a urea, ácido fosfórico y KCl pueden ser preparadas facilmente por el agricultor en el campo (Lupin et al., 1996). Así por ej., la aplicación de 2 litros de una solución madre 1-1-1 (3.6-3.6-3.6) en 1m3 de agua de riego, dará una concentración final en el gotero de 72 ppm de N, P2O5 y K2O .

La solubilidad de los fertilizantes aumenta con la temperatura. Por ej, a 10oC, las solubilidades de KCl, KNO3 y K2SO4 y son 31, 21 y 9 g/100 g H2O respectivamente, mientras que a 20oC las solubilidades aumentan a 34, 31 y 11 g/100 g H2O respectivamente (Elam et al, 1995). Teniendo en cuenta el contenido de K en cada fertilizante, se concluye que a 10oC el porcentaje de K2O en las soluciones saturadas de KCl, KNO3 y K2SO4 será 14.9, 8.1 y 4.6 % respectivamente (Wolf et al, 1985).

La mayoría de los fertilizantes absorben calor al ser disueltos, reduciendo la temperatura del agua. La dilución de ácido fósforico en cambio produce una reacción exotérmica. Por esto conviene agregar primero ácido fosfórico para aprovechar el aumento de la temperatura y así facilitar la disolución de los fertilizantes agregados a continuación (Lupin et al, 1996).

Las soluciones fertilizantes preparadas en el verano y almacenadas durante el otoño forman precipitados debido a la reducción de la solubilidad con la disminución de la temperatura. Por eso se recomienda diluir las soluciones almacenadas a fines del verano.

Fertilizantes sólidos compuestos y soluciones fertilizantes líquidas compuestas:

Son mezclas multi-nutrientes ya preparadas, manufacturadas especialmente para su uso en fertirriego. Se presentan en una amplia gama de relaciones N:P:K, con o sin micronutrientes. El nitrógeno está en forma de nitrato y de amonio en una relación adecauda, y el potasio es en base a KCl o KNO3/K2SO4.

Por ej. un fertilizante sólido compuesto NPK 20-20-20 puede ser aplicado en las primeras etapas de un cultivo de tomate o melón, y luego en la etapa reproductiva - cuando la planta necesita menos fósforo y más potasio - cambiar a un fertilizante 14-7-21.

Los fertilizantes líquidos compuestos tienen una concentración de nutrientes mucho más baja debido a limitaciones de solubilidad (5-3-8; 6-6-6; 9-2-8, etc.). Soluciones fertilizantes de menor grado son especialmente formuladas por los fabricantes para el invierno, cuando la solubidad disminuye con las temperaturas bajas.

No existe evidencia científica alguna para preferir fertilizantes líquidos o sólidos en fertirriego, los factores a tener en cuenta son el costo, la comodidad y la disponibilidad de transporte, almacenamiento y fertilizantes en el mercado (Hagin y Lowengart-Aycicegi, 1999).

Compatibilidad entre fertilizantes:

La mezcla entre fertilizantes no compatibles y la interacción de los fertilizantes con el agua de riego, especialmente si son aguas duras y/o alcalinas, puede ocasionar la formación de precipitados en el tanque de fertilización y la obturación de goteros y filtros.

Estos problemas pueden evitados por medio de una elección correcta de los fertilizantes y un manejo adecuado. Por ej., el nitrato de calcio no puede ser mezclado con ningún fertilizante fosforado o sulfatado porque se forma un precipitado de sulfato o fosfato de calcio; cuando se mezcla sulfato de magnesio con fosfato de amonio forma un precipitado de fosfato magnésico.

El uso de dos tanques de fertilización permite separar a los fertilizantes que interactúan, separando los fertilizantes con calcio, magnesio y microelementos, de los fertilizantes con fósforo y el sulfato y evitando así la formación de precipitados.

Se recomienda el uso de fertilizantes de reacción ácida y/o la inyección periódica de ácido en el sistema de fertirriego para disolver los precipitados y destapar los goteros. La inyección de ácido en el sistema de riego remueve también bacterias y algas. Luego de inyectar ácido, el sistema de riego y de inyección deberá ser cuidadosamente lavado (Sneh, 1995).

El principal problema es con el fósforo: aguas con altas concentraciones de calcio y magnesio y pH alcalino provoca la precipitación de fosfatos de Ca y Mg. Estos precipitados se van depositando sobre las paredes de las tuberías y en los orificios de los emisores, causando su obturación. También se ve afectado el aporte de fósforo a la planta, ya que éste se encuentra precipitado y no en la solución nutritiva. Se recomienda elegir fertilizantes fosforados ácidos (ácido fosfórico o fosfato monoamónico) cuando se riega con aguas duras y/o alcalinas.
El crecimiento de la planta y el fertirriego

Para programar correctamente el fertirriego se deben conocer el consumo de nutrientes a lo largo del ciclo del cultivo que resulta en el máximo rendimiento y calidad (Bar-Yosef, 1991). La curva óptima de consumo de nutrientes define la tasa de aplicación de un determinado nutriente, evitando así las posibilidades de deficiencia y de consumo de lujo.

Las tasas diarias de absorción de nutrientes son específicas para cada cultivo y clima, y fueron determinadas en diferentes ensayos para los principales cultivos en Israel como tomate, ají, melón, maíz, etc. (Scaife y Bar-Yosef, 1995).

En la práctica, se divide el ciclo de crecimiento del cultivo según las etapas fenológicas y se definen las diferentes concentraciones o cantidades de nutrientes a aplicarse, con sus respectivas relaciones. Por ej. en tomate se consideran 4 etapas: establecimiento-floración, floración-cuajado de frutos, maduración-1ra cosecha y 1ra cosecha-fin. En cada etapa, las concentraciones de N y K van aumentando, y la relación N:K va disminuyendo, ya que el potasio es absorbido en gran cantidad durante la etapa reproductiva del cultivo (Zaidan y Avidan, 1997).

La absorción de nutrientes y por lo tanto las recomendaciones son completamente diferentes según el destino del cultivo (tomate para industria o tomate de mesa) y según el sistema de cultivo (a campo abierto o protegido). Por ej., el tomate cultivado en invernadero alcanza un rendimiento de 200-250 t/ha versus 60-80 t/ha cuando es cultivado a campo abierto; conforme a esto, la absorción de nutrientes en invernadero se duplica o triplica en comparación con el tomate cultivado a campo abierto.

Basándose en las figuras de absorción de nutrientes del cultivo, se ajustan las cantidades o concentraciones de acuerdo al tipo de suelo. En suelos pesados, las concentraciones recomendadas son menores que el suelos livianos, debido a la mayor capacidad de retención de nutrientes. Cuando se cultiva en substratos inertes, las recomendaciones son aún mayores. También debe tenerse en cuenta los nutrientes aportados mediante la fertilización de base (en suelos pesados se puede aportar hasta un 40% de los requerimientos de fósforo a través de fertilización de base con TSP o SSP). En el caso de Ca y Mg, se debe descontar su contenido en el agua de riego.

Estos datos constituyen la base de las recomendaciones dadas por el Servicio de Extensión para los agricultores en cuanto al regimen de fertirriego para los diferentes cultivos. Estas recomendaciones proporcionan la formulación de fertilizantes más adecuada - incluyendo los nutrientes básicos NPK y los micronutrientes – de acuerdo al tipo de suelo, a la etapa fisiológica, clima, variedades y otros factores agrotécnicos. Especial atención debe prestarse al pH, la relación NO3/NH4, la movilidad de los nutrientes en el suelo y la acumulación de sales.
Fertirriego en cultivos intensivos, invernaderos y con sustratos artificiales

El cultivo de hortalizas y flores en invernaderos sobre dunas de arena y/o en sustratos inertes requiere un especial y preciso control de el fertirriego. Esto se debe a que por un lado, se trata de cultivos delicados, con corto e intenso período de crecimiento, muy sensibles al manejo nutricional y con un sistema radicular poco desarrollado. Por otro lado, la CIC de estos medios de cultivo es muy baja y no contribuyen nutrientes, siendo la única fuente de nutrientes a través del sistema de fertirriego. Esta situación se potencia aún más cuando se cultiva en contenedores o macetas donde las raíces están confinadas en un volumen muy limitado (Bunt, 1988).

La baja capacidad de retención de agua y la pequeña reserva de nutrientes existente en estos sistemas, hacen que éstos sean muy sensibles y con poca capacidad de recuperación frente a cualquier error o desajuste en el fertirriego. Esto implica que los ciclos de fertirriego deben ser frecuentes, homogéneos y precisos. El aporte de nutrientes debe ser completo (N, P, K, Ca, Mg y micronutrientes) y el pH debe ser mantenido constantemente dentro de los valores adecuados. El monitoreo del agua de riego y de drenaje debe ser exhaustivo (Asaf, 1990).

Los fertilizantes están disueltos en una solución nutritiva la cual es inyectada a la línea de agua de riego a través de bombas de fertilizantes hidraúlicas o electrónicas. Estas bombas son muy exactas y sofisticadas, y se adaptan a la automatización, lo cual es necesario ya que los cultivos son fertirrigados en pulsos muy cortos varias veces por día.

La dosificación cualitativa o proporcional es la única manera de lograr un control preciso de la concentración y del momento de inyección, tal como se requieren en invernaderos y/o sustratos artificiales.

Instalación del fertirriego:

En invernaderos, donde se usa el método de dosificación cualitativo o proporcional, se prepara una solución madre o stock concentrada en el cabezal de riego. Generalmente se usan dos disoluciones concentradas de fertilizantes: el tanque "A" con NPK, y el tanque "B" con N, K, Ca, SO4 y micronutrientes. También hay un tercer tanque "C" con una disolución de ácido (generalmente nítrico), cuya función es ajustar el pH de la solución nutritiva, desobturar los goteros cuando sea necesario y lavar todo el equipo al final de cada aplicación. Cada tanque tiene un inyector para incorporar la solución concentrada a la red de riego, formándose así la solución de riego final en la tubería principal.

El fertirriego se programa para diluir la solución madre con el agua de riego, y así lograr una solución nutritiva con las concentraciones finales de nutrientes según las recomendaciones. Generalmente las diluciones se realizan en las proporciones de 1:100 o 1:1000, controlando el pH y CE. Así se obtiene la disolución fertilizante final que luego de filtrada llega a la red de goteros. Esta disolución reacciona con el sustrato y da lugar a la solución nutritiva final que es absorbida por las raíces.

Cambios del pH en la rizosfera y la relación NH4/NO3 en la solución nutritiva:

La disponibilidad óptima de todos los nutrientes es en el rango de pH 6-6.5. El pH de la rizosfera determina la disponibilidad de fósforo ya que afecta los procesos de precipitación/solubilización y de adsoción/desorción de los fosfatos. El pH tambien influye sobre la disponibilidad de micronutrientes (Fe, Zn, Mn) y la toxicidad de algunos de ellos (Al, Mn). El principal factor que afecta el pH en la rizosfera es la relación NH4/NO3 en el agua de riego, especialmente en hidroponía, substratos inertes y en medios con bajo poder buffer, como suelos muy arenosos (Feigin et al, 1980).

La forma de nitrógeno (NH4+ y NO3-) absorbida por la planta determina el balance cationes-aniones en la planta (Barber, 1984). La nutrición amoniacal produce un patrón de absorción catiónica basado principalmente en NH4+, disminuyendo así la absorción de otros cationes como Ca2+, Mg2+ y K+ (Marschner, 1995). Asimismo induce la excreción radicular de H+ al medio para mantener la electroneutralidad en la planta (Imas et al., 1997). La disminución de pH en la rizosfera puede causar toxicidad de Al y Mn, y tiene en general un efecto adverso sobre el crecimiento radicular y sobre el desarrollo vegetal (Ganmore-Neumann y Kafkafi, 1980; 1983).

Cuando el nitrógeno es proporcionado bajo la forma de nitratos, el anión NO3- es absorbido, y la planta absorbe más aniones que cationes. Para mantener el balance cationes-aniones, las raíces excretan OH- al medio, aumentando así el pH de la rizosfera (Marschner, 1995).

Las plantas bajo nutrición con NO3 presentan un mejor crecimiento y mayores rendimientos (Ganmore-Neumann y Kafkafi, 1980; 1983; Imas et al, 1997). Sin embargo, una nutrición con 100% del N como nitratos puede aumentar el pH de la rizosfera a valores de más de 8 (Marschner, 1995). A esos valores de pH, el fósforo y microelementos precipitan, disminuyendo la disponibilidad de estos nutrientes.

Por lo tanto, en la práctica se recomienda aplicar el N en una relación de 80-90 % de nitratos y 10-20% de amonio, para mantener el pH de la rizosfera en valores óptimos (Avidan, 1998; Zaidan y Avidan, 1997).

Monitoreo:

El uso de contenedores para el cultivo en invernaderos permite la recolección de la solución nutritiva lixiviada y su comparación con la solución nutritiva entrante. El monitoreo del volumen lixiviado, pH, CE y concentración de los nutrientes en la solución lixiviada permite determinar si se está aplicando los fertilizantes y el agua en exceso o en deficiencia, y por lo tanto permite ir corregiendo el régimen de fertirriego.

Se recomienda recolectar y analizar la solución lixiviada y la solución que sale por los goteros y compararlas diariamente (Avidan, 1998). Los kits portátiles permiten un diagnóstico in situ del pH, CE y del contenido aproximado de nitratos en las soluciones. En la actualidad existen sistemas automáticos que miden el pH y la CE de ambas soluciones y corrigen automática y continuamente la solución de acuerdo a los valores óptimos que se entran a la computadora de antemano.

Volúmenes de lixiviación muy pequeños indican que la planta absorbe casi toda el agua que se le proporciona, por lo tanto se deberá incrementar la lámina de agua aplicada. Concentraciones de nitratos muy bajas en la solución lixiviada indican que la planta absorbe casi todo el nitrógeno que se le proporciona, por lo tanto se deberá incrementar la concentración de fertilizante en la solución nutritiva.

Un valor de CE y/o de cloro más alto en la solución lixiviada que en la solución aplicada indica indica una acumulación de sales en la zona radicular. La presencia de sales en el bulbo de suelo humedecido por el gotero es contraproducente para las raíces, por eso se aplica siempre un exceso de agua para drenar el cloro y las sales. Este exceso varía de 10-50% según la conductividad hidráulica del sustrato la cual determina el potencial de drenaje del mismo (Rhoades y Loveday, 1990).

El regimen de fertirriego (lámina de agua e intervalo de riego) deberá ajustarse de acuerdo al gradiente de CE y cloro entre la solución de riego y la de drenaje, para mantener así las sales por debajo de la zona radicular activa. Si la diferencia entre la CE de la solución lixiviada y de la solución entrante es más de 0.4-0.5 dS/m, y/o si la concentración de cloro en la solución lixiviada es más alta que la solución entrante y supera los 50 mg/L, se recomienda aplicar un riego sin fertilizantes para lixiviar las sales (Avidan, 1998).

El valor óptimo del pH de la solución de riego es de 6-6.5 y el pH de la solución de lixiviación no más de 8.5. El pH del agua de riego se ajusta mediante la inyección de ácido. Cuando el pH del agua de lixiviación es más alcalino que 8.5, esto indica que el pH en la zona radicular alcanza valores que provocan la precipitación de fósforo y menor disponibilidad de micronutrientes. El ajuste es por medio de la relación NH4/NO3 de la solución de riego: si el pH se hace demasiado alcalino, se debe aumentar la proporción de NH4 con respecto al NO3 en la solución nutritiva y viceversa. El porcentaje de amonio no debe superar el 20% del total del nitrógeno aportado (Zaidan y Avidan, 1997).

Fertirriego en plantaciones frutales y otros cultivos a campo abierto

Las condiciones de cultivo de las plantaciones frutales y otros cultivos a campo abierto difieren mucho de las de los cultivos en invernaderos, lo cual determina grandes diferencias en cuanto al manejo del riego y a los equipos de fertirriego. Estos cultivos no requieren el control exhaustivo y cuidadoso del fertirriego como en los cultivos bajo cubierta. Esto se debe a que las plantas crecen sobre el suelo, y las raíces no están confinadas a un volumen reducido de agua y nutrientes. Los suelos naturales poseen una considerable CIC, lo que implica una reserva de nutrientes y una apreciable capacidad de reacción química y poder buffer.

En cuanto al régimen hídrico, los suelos naturales tienen una mayor capacidad de retención hídrica y mayor disponibilidad de agua, lo que permite a intervalos entre riegos mucho más largos. En cítricos por ej., se fertirriega una o dos veces por semana.

Todo lo anterior, sumado al hecho de tratarse de cultivos con ciclos más prolongado o de cultivos perennes, hace que sean menos sensibles al manejo hídrico y nutricional. Por lo tanto, es suficiente el uso de sistemas de fertirriego sencillos, manuales y económicos; los cuales presentan una gran eficiencia y resultados satisfactorios en este tipo de cultivos.

El cultivo a campo abierto, plantaciones frutales y/o en suelos arcillosos permite utilizar un método de dosificación de fertilizantes más simple y económico. En estos casos se aplica el método de dosificación "cuantitativa", en el cual la concentración del fertilizante va variando durante su aplicación, pero esto no es crítico ya que no se requiere una dosificación exacta y pareja. Generalmente se usan fertilizantes simples y económicos, las dosis aplicadas deben tener en cuenta el contenido de nutrientes en el suelo y la cantidad de nutrientes aportados mediante la fertilización de base.

El factor controlado por el agricultor es la cantidad total de fertilizante aplicado y no su concentración, por eso las recomendaciones se expresan en unidades de kg/ha. Los tanques no pueden ser automatizados, pero tampoco esto es imprescindible ya que los intervalos de fertirriego son mucho más espaciados.

Instalación del fertirriego:

El cultivo a campo abierto, plantaciones frutales y/o en suelos arcillosos, permite utilizar un sistema de aplicación de fertilizantes más simple y económico. En plantaciones frutales, generalmente se utiliza un tanque de fertilización "by-pass" donde se vuelca directamente el fertilizante sólido. Al operar el sistema de riego, el agua entra al tanque debido al gradiente de presión, disolviendo el fertilizante. El agua de riego sale del tanque a la tubería principal conteniendo los nutrientes disueltos. El tanque by-pass se adapta también al uso de fertilizantes líquidos y soluciones fertilizantes.

El método de dosificación cuantitativa está muy difundido en Israel en cítricos. En el caso del potasio, la dosis varía entre 100-300 kg K2O/ha de acuerdo al diagnóstico foliar. 30% de la dosis se aplica al suelo en bandas, generalmente como KCl en Febrero. El restante 70% se aplica a través del fertirriego, dividiendo la dosis en 6-12 aplicaciones, entre Abril y Agosto (Tarchitzky y Magen, 1997). En cuanto al fósforo, se suele aplicar como abonado de fondo, y si se debe aplicar micronutrientes, se hace por medio de pulverizaciones foliares.

El control y monitoreo del fertirriego se hace por medio de tensiómetros y extractores de la solución del suelo, colocados a distintas profundidades.

Fertirriego bajo condiciones salinas

La tolerancia a la salinidad varía según las especies y existen tablas de referencia que definen la tolerancia de los diferentes cultivos a la salinidad, expresada como el total de sales solubles (CE) y como iones tóxicos individuales (Maas y Hoffman, 1977). Cuando se usan aguas salinas para riego, se debe tomar en cuenta que los fertilizantes son también sales y por lo tanto contribuyen a la CE de la solución de riego. Sin embargo, la contribución de cloro proveniente del KCl en relación a la cantidad total de cloro presente en el agua de riego, es relativamente pequeña (Tarchitzky y Magen, 1997).

Cuando se usan aguas con CE > 2 dS/m en cultivos sensibles a la salinidad, como por ej. el palto, se prefiere usar KNO3 para evitar niveles de cloro altos que causan quemado de las hojas (Bar el al, 1997; Kafkafi, 1987). Asimismo en invernaderos con cultivos intensivos y/o en contenedores se eligen fertilizantes con bajo índice salino.

En condiciones salinas se debe prestar especial cuidado en aplicar agua en exceso para lavar las sales por debajo de la zona radicular, siendo el requerimiento de lixiviación mucho más alto que en condiciones no salinas (Rhoades y Loveday, 1990).

El riego de tomate, melón y otras hortalizas con aguas salinas reduce el tamaño del fruto y el rendimiento total, pero por otro lado mejora la calidad del fruto al incrementar la concentración de azúcares reducidos, la acidez titrable y el total de sólidos solubles, mejorando así el sabor del fruto (Mizrahi etl al, 1988).

Basándose en este principio, se ha desarrollado en Israel la agrotécnica de fertirriego de tomates con aguas salinas para producir tomates de alta calidad y con sabor especial, como por ej. la línea de exportación "Desert Sweet". Esta agrotécnica se basa en el riego con agua no salina, y a continuación proporcionar a la planta un stress salino mediante el riego con agua muy salina (CE ~ 7 dS/m), lo cual aumenta el contenido de glucosa en el fruto obteniéndose así tomates de alta calidad (Siton et al, 1996).

Ahorro de costes en invernaderos: Pervivir en época de crisis

El conocimiento de la evolución económica de las explotaciones agrícolas intensivas en Almería nos permite determinar la situación de los cimientos del sistema productivo. Y es que un sistema agrario con costes elevados, con una escasa productividad y un estancamiento en los ingresos, debe replantearse un nuevo modelo de funcionamiento ante la situación actual de mercado, en plena crisis económica y con una competencia en expansión. En este artículo se resumen los costes e ingresos en un invernadero, analizando cada una de las partidas presupuestarias.

Día a día se ve cómo se hace necesario establecer una serie de estrategias encaminadas a generar un campo más competitivo. Competitividad que es necesaria elevar introduciendo necesarias mejoras de las estructuras productivas para hacerlas más eficientes. Sin embargo, dichas mejoras que deben subir nuestro rendimiento no deben representar un incremento significativo de los costes.

También será necesario plantear otra forma de gestionar, eliminando los gastos superfluos y que no aportan valor al sistema. La forma de alcanzar este objetivo llega con la profesionalización del agricultor, que debe pasar de mero “labrador” a ejercer completamente la dirección de la explotación agraria en todos sus términos. La profesionalización del gestor agrario permitirá este ahorro de costes al realizar una correcta gestión de la mano de obra, identificar los problemas y corregir las posibles desviaciones en los cultivos de la forma más eficiente, evitar gastos innecesarios en malas prácticas, etcétera.

Por último, es necesario incrementar la relación entre los agricultores y los agentes comerciales. El agricultor tiene que empezar a percibir la necesidad de facilitar la comercialización, y los comerciales tienen que hacer llegar al agricultor las consecuencias de errores tanto en programación de cultivos como en el corte de los frutos. Tanto agricultores como comerciales, forman parte de la misma empresa, y las empresas tienen que hacer un esfuerzo para enlazar dos eslabones tan importantes como son el de producción y el de comercialización de esta producción.

Como se puede ver, el planteamiento de mejorar la competitividad del campo almeriense no solo pasa por intervenir en los invernaderos, sino que se debe actuar en otros ámbitos, como la formación y aptitud del agricultor, para que éste saque pleno rendimiento a un sistema, en el que él es el pilar fundamental.

Metodología

Con objeto de conocer la situación del campo almeriense es necesario saber cual es la situación económica en la que se encuentra. Para ello elaboramos una valoración económica en el que seguimos el procedimiento empleado en la tesis doctoral “Producción controlada de hortalizas en la agricultura intensiva” (Matarín et al., 2005), donde se realizó un estudio de los datos contables de cinco invernaderos con cultivo de pimiento durante la campaña 2004/05. Aprovechando este punto de partida, y encontrando que esos cinco invernaderos presentaban una planificación similar, decidimos volver a realizar la valoración económica para esta campaña (2008/09) en los mismos, con lo que las posibles desviaciones se minimizan al realizarse las mismas prácticas de cultivo.

De cara a la interpretación de los datos recolectados es conveniente hacer una serie de aclaraciones, para evitar la mala utilización de los mismos:

• Los datos recogidos son reales y corresponden a la situación actual de los propietarios de las fincas que se han testado. En este sentido, existen algunos datos como son los costes (amortización, costes financieros, seguros e impuestos), rendimientos y precios, que pueden sustituirse por datos medios de la provincia. De esta forma se conseguiría una representatividad mayor en el análisis. Sin embargo, hemos considerado interesante dejar los datos originales de cada finca, en orden a conocer supuestos auténticos que se están produciendo en el campo.

• En cualquier caso la metodología aplicada podría ser empleada por las empresas, para conocer de manera más particularizada los rendimientos de sus productores.

• Para determinar los ingresos, aparte de los percibidos por los propios agricultores de su empresa, se han comparado con los valores recogidos de la venta de los productos, en el observatorio de precios establecido por la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía en su página web.

• Los resultados de los costes calculados para la manipulación y para el transporte, se han recogido tanto de consultas a empresas del sector como de la ponencia “Nuevos requerimientos comerciales del tomate producido en el sureste español” de Antonio Quitantes (2009) en la jornada técnica del tomate.

Ingresos

Los ingresos en la agricultura intensiva almeriense proceden exclusivamente de la venta de la producción. Con respecto a la producción comercializada para la campaña 2004/05, se puede decir que la media es de 7,062 kg/m2, y los ingresos derivados de esta comercialización son de 6,494 €/m2, mientras que para la campaña 2008/09, la producción media comercializada es de 7,496 kg/m2, con unos ingresos de 6,231 €/m2.

Se aprecia una reducción en los ingresos percibidos por los agricultores, aún cuando se ha incrementado la productividad de las explotaciones de pimiento en 0,494 kg/m2. Los ingresos percibidos por el agricultor por esta producción han caído un 9,59% entre estas campañas.

Estos valores contrastan con los datos ofrecidos por la Junta de Andalucía en el observatorio de precios establecido para ver la evolución de éstos por cultivo y campaña, donde comparando los precios medios de venta en origen de los pimientos California rojo y amarillo de las campañas 2004/05 y 2008/09, puede verse como la campaña actual presenta unos precios promedios inferiores en torno a un 20% (figura 1).

Gastos

En la introducción, se ha comentado la necesidad de intervenir en torno a tres estrategias que conforman tres pilares importantes de la agricultura intensiva almeriense. Estos tres puntos nos van a servir para clasificar los costes de la agricultura intensiva almeriense en:

- Gastos de producción.

- Gastos de manipulación.

- Gastos de transporte.

Gastos de producción

Son los más estudiados y en los que más incidencia se hace por su importancia. Son aquéllos que se producen en una explotación para sacar adelante un cultivo. Podemos dividir en dos los tipos de gastos presentes en una explotación intensiva almeriense, los gastos corrientes y los gastos de amortización de las instalaciones.

Los costes correspondientes a gastos corrientes los podemos dividir en los siguientes epígrafes: gastos de mano de obra, gastos de suministros, otros gastos y gastos en protocolos de Gestión de Calidad. En el cuadro I se recogen los tipos de gastos y los datos en €/m2 para las campañas 2004/05 y 2008/09.

Gastos en mano de obra

Son aquéllos que tienen en cuenta el coste de la mano de obra en cada una de las labores y trabajos que se desarrollan en la explotación durante los cultivos. Así, en nuestro caso la mano de obra se empleó para las siguientes operaciones: siembra, blanqueo, mantenimiento, tutorados, tratamientos fitosanitarios-suelta auxiliares, limpieza, recolección, doble techo, levantamiento del cultivo y otros.

Las labores correspondientes a la recolección y al entutorado se llevan el mayor porcentaje del gasto en mano de obra llegando a suponer el 60%. Mientras que el resto de operaciones no alcanza el 10% individualmente (figura 2).

Gastos en suministros

En la figura 3 se recogen todos los gastos que se producen de la compra de los materiales y suministros necesarios para el cultivo, desde la compra de la semilla y su crianza, todos los agroquímicos y el control biológico, el agua, etc.

Los gastos en suministros más importantes se destinan a la adquisición de la semilla y su crianza, que suponen un 35,37 % del total.

Es muy importante el gasto en los agroquímicos y el control biológico que superan el 50% del gasto en suministros. El coste del agua también ha subido de una forma importante, debido a la subida de la energía que ha incrementado la facturación.

Otros gastos

En este epígrafe contabilizamos los gastos originados por los seguros, la energía, las comunicaciones, etc., y que alcanzan el 15% de los gastos totales.

Sistema de gestión de calidad

Son gastos originados por la implantación y mantenimiento de la norma de calidad. Los gastos que aquí se originan son consecuencia de la gestión de residuos, construcción de dobles puertas, análisis, verificaciones, etc. Este gasto de reciente aparición supone un 4% del gasto.

Gastos de amortización

Los gastos amortización se reparten en (figura 4):

• Gastos de plástico: se recoge el coste de amortización anual del plástico que se emplea de cubierta.

• Gastos de sustrato o retranqueo: al igual que el plástico, se recogen los costes de amortización anual de los sustratos para cultivos hidropónicos o retranqueo para cultivo en suelo.

• Gastos de la estructura del invernadero: se reparte durante la vida útil de la estructura del invernadero el coste total del mismo.

• Gastos del sistema de riego: ocasionados por la instalación de las tuberías y elementos utilizados en el sistema de riego.

• Gastos originados por otros elementos de la explotación: esta partida corresponde a los gastos provocados por la construcción de los almacenes, casetas, aseos, balsa de riego, etc.

Otros gastos

En la figura 5, tomada del artículo “¿Cómo se forman los precios de las hortalizas?” publicado en la revista Almería en verde de la empresa Coexphal, podemos ver esquemáticamente el coste que se va añadiendo al fruto desde su producción a su puesta en las vitrinas.

De los datos mostrados en la figura 5 podemos extraer que:

• Coste de manipulación: entre 0,38 y 0,43 €/kg.

• Coste de transporte y comisiones: entre 0,18 y 0,25 €/kg.

Gastos de manipulación

Una vez recolectado el producto por el agricultor, éste es llevado a las centrales de manipulado hortofrutícolas, donde se acondiciona el producto para su envasado y distribución. Así, y dependiendo del producto, las labores más habituales son las de recepción, almacenaje, destrios, cepillado, lavado, secado, calibrado, empacado, control de calidad, palatizado, pesado, flejado, cámara frigorífica, carga, transporte y flete.

Además, para la manipulación de cada uno de los productos se establecen unas normas de calidad sobre el fruto en base a los Reglamentos que establece a tal fin la Unión Europea. Así nos encontramos que:

• Pimiento dulce: Reglamento 1455/99 (modificado por el Reglamento 2706/2000 y por el Reglamento 2147/02).

• Pepino: Reglamento 79/88 (modificado por el Reglamento 888/97).

• Berenjena: Reglamento 1292/81 (modificado por el Reglamento 888/97).

• Tomate: Reglamento 790/2000 (modificado por el Reglamento 717/2001).

• Calabacín: Reglamento 1292/81 (modificado por el Reglamento 888/97 y por el Reglamento 1757/03).

• Melón: Reglamento 1093/97 (modificado por el Reglamento 850/2000 y por el Reglamento 1615/01).

• Sandías: Reglamento 1093/97 (modificado por el Reglamento 1864/04).

Atendiendo a estos Reglamentos se establecen las correspondientes normas de calidad para cada uno de los cultivos.

La mayor parte de las empresas exportadoras atendían a estos Reglamentos cuando su producción se exportaba en gran medida a Europa. Sin embargo, para homogeneizar el sector la Administración autonómica, en la Orden de 7 de octubre de 2008, fija los requisitos mínimos de calidad que deben cumplir determinadas frutas y hortalizas y establece el procedimiento del registro de mercados de productos agrarios, en desarrollo de lo establecido en el Decreto 402/2008, de 8 de julio.

Tanto la manipulación del producto, como el material que se utiliza para su embalaje, oscila entre los 0,38 y 0,43 €/kg de producto.

Gastos de transporte

Hay que tener en cuenta que la salida principal de producto de Almería es vía transporte por carretera, luego hay que tener en cuenta su repercusión sobre el producto enviado. El cuadro II muestra algunos de los precios a destino recogidos en la tarifa de precios establecida por la mesa del transporte de Andalucía oriental.

Dependiendo del destino, el coste del viaje sobre el producto puede oscilar desde 0,06 € a 0,28 € por kilo en un porte con 20.000 kg de género. Destinos más lejanos, como el mercado ruso todavía encarece más el producto.

Estos datos concuerdan con los facilitado por Coexphal en su artículo sobre la formación de precios, que los estima entre 0,18 y 0,25 €/kg.

Esta campaña se ha iniciado una experiencia de transporte marítimo de hortalizas, entre la línea Almería-Dunkerque, en la que se estima una reducción en el coste de hasta un 40% (noticia publicada el 22 de abril de 2009, en el Ideal).

Discusión de los resultados

Gastos de suministros

De estos datos podemos concluir que el valor más característico es el correspondiente a los gastos de suministros, donde se ha producido un fuerte incremento pasando de representar un 33% en la campaña 2004/05 a un 41% en la presente campaña. Como puede verse en la figura 6, el coste en suministros se dispara en este ejercicio, principalmente debido a la fuerte subida del petróleo que rápidamente disparó los productos directamente ligados a él.

El incremento más espectacular se debe al ocasionado por los fertilizantes; así lo refleja un informe de la organización agraria COAG, donde se analiza “La evolución de los precios de los distintos insumos: análisis estadístico frente al comportamiento del barril de petróleo” (COAG, 2008), con subidas superiores al 100% en el precio de algunos fertilizantes muy utilizados en nuestro campo. Otro de los conceptos incluidos en esta partida es el referente a los plaguicidas para la campaña 2004/05 y la de los plaguicidas y control biológico para la presente campaña. Ésta es la segunda campaña en la que el control biológico se ha impuesto en la mayor parte de los cultivos de pimiento, sin embargo, el gasto en este concepto se mantiene similar en tanto que la reducción en el consumo de plaguicidas se ha compensado por el gasto en el control biológico. El proyecto Fin de Carrera “Evaluación de las poblaciones de fauna auxiliar en las localidades de Berja y Las Norias frente a diferentes plagas bajo control integrado en un cultivo protegido de pimiento” (Belmonte, 2007) también coincide en esta conclusión.

Gastos de amortización

Para calcular los gastos de amortización de la estructura del invernadero hay que tener en cuenta los años de vida útil del mismo. Los invernaderos que se están renovando hoy día son aquellos que alcanzan los treinta años de vida útil. El plástico en los últimos años ha supuesto un importante incremento a la hora de cuantificar los gastos, al igual que la propia estructura del invernadero, debido principalmente a la subida del precio de las materias primas.

Hay que indicar que el incremento de los gastos de cultivo en su mayor porcentaje es debido al encarecimiento de las materias primas sufridas en esta última campaña (figura 7).

Manipulación y de transporte

Hay que tener en cuenta que en un alto porcentaje repercuten también sobre el agricultor los gastos de manipulación del producto para su normalizado y envasado y el transporte del mismo para ponerlo a disposición del consumidor.

Para la normalización del producto, el sector ha construido naves hortofrutícolas distribuidas por todas las zonas de producción.

En cuanto al transporte, se están buscando alternativas al mismo, así en una noticia aparecida el 22 de abril de 2009 en el periódico Ideal Almería, se resalta que «el transporte marítimo de hortalizas puede reducir su coste en un 40%», y puede ser una alternativa en la reducción de costes en los productos hortofrutícolas.

Incidencia de las reclamaciones

Una de las anotaciones que Antonio Quirantes, comercial de la empresa Dafran, hizo en la jornada de Rijk Zwaan, fue la de la incidencia de las reclamaciones de mercancía, como consecuencia de la llegada a destino de un producto defectuoso, generalmente debido al desarrollo de hongos sobre los frutos durante el transporte.

Estas incidencias ocasionan devolución de producto, incrementando el coste de transporte, destrucción de la mercancía en mal estado más todos los gastos ocasionados de manipulación y embalaje, costes que revertirán en la reducción de la media de ingresos del agricultor.

Sin embargo, hay un coste más importante, aunque no sea directo, y es el que ocasiona la pérdida de confianza del cliente, dando mayores oportunidades a la competencia.

Este punto es necesario cuantificarlo para conocer las pérdidas reales que ocasionan las reclamaciones y que sean conscientes tanto agricultores como empresas de la necesidad de afinar en sus labores.

Beneficios

Se ha producido una reducción de beneficios de un 62,98% en el cultivo del pimiento entre las campañas 2004/05 y 2008/09. En esta última los beneficios ascienden a unos 9.350 € para una hectárea.

Para obtener dicho beneficio se ha realizado un gasto de 56.490 € (figura 8).

Conclusiones generales

Los precios necesarios para poder cubrir todos los costes son elevados (difíciles de conseguir en campañas venideras). Sin embargo, sabiendo que los gastos experimentan incrementos campaña tras campaña no es difícil estar sufriendo un escenario en el que ya algunos agricultores empiezan a tener dificultades; de esta forma, ya se ha empezado a no cubrir los costes de amortización lo que está acabando con fincas y agricultores, que no solo no pueden renovar sus estructuras, sino que ni siquiera pueden iniciar el cultivo.

Sólo aquellos agricultores que sean capaces de mantener o incrementar sus producciones (profesionalización, mejoras estructurales, etc.), manteniendo unos gastos contenidos (ahorro) que aseguren beneficios, serán capaces de hacer frente a la situación actual de crisis y a la competencia.

Del seguimiento de los costes productivos se desprende que la incorporación de mejoras tecnológicas debe hacerse de forma progresiva porque algunos de los nuevos sistemas de cultivo, aunque aumentan la productividad, repercuten de forma directa en la utilización de otros consumos. Así, hay inversiones económicas y sencillas que mejoran la capacidad productiva del invernadero, sobre todo aquéllas que mejoran las condiciones climáticas del invernadero y su control. Actuaciones en este sentido son las que tienden a mejorar la relación de superficie de ventilación/superficie total del invernadero, mejoras en la estructura del suelo mediante retranqueos que a su vez ahorran en aportes de fertilizantes minerales, etc.

La profesionalización del agricultor permitirá prescindir de asesores externos e incrementar los rendimientos de la finca en todos los aspectos, lo cual conllevará tanto ahorro de costes como maximización de los rendimientos.

Aunque una buena gestión en finca puede limitar el riesgo a caer en un sistema en quiebra, el factor que en última instancia determina la obtención de un beneficio o pérdida por parte del agricultor es el precio que consiga por la venta de su producción.

Sin embargo, hay otros aspectos en los que si bien la actuación del agricultor no es directa, su involucración sí que puede contribuir a hacer más competitivo el sistema agroindustrial almeriense. Uno de estos aspectos es el de planificar sus cultivos conforme a los consejos de la empresa comercializadora; con ello, se persigue producir con criterios objetivos de mercado. Es decir, producir cuando el mercado lo demande y no producir por producir.

Otro aspecto a tener en cuenta para un ahorro de costes es el efectuar la recolección en su momento óptimo de corte, para que pueda llegar el producto al consumidor en las mejores condiciones, junto con unas condiciones sanitarias óptimas. Hay que evitar en todo lo posible reclamaciones de clientes por productos en deficiente estado, ya que junto al quebranto económico que se produce va una pérdida de confianza que acaba repercutiendo sobre la venta posterior. No errar en la comercialización, es fundamental para dar garantía de calidad y de servicio.




 

México: Tomate de invernadero, causa caída del mercado



La Asociación Mexicana de Horticultura Protegida tiene muy claro que la producción desordenada, por la sobre oferta de tomate de invernaderos, lo único que ha logrado es que el precio en el mercado interno se haya desplomado hasta en un 33%, de acuerdo con la información que se ha logrado recopilar.

En ello coinciden César Campaña, el presidente y Erick Viramontes, Director General de la AMHPAC, que prepara por cierto su Segundo Congreso, su Asamblea General Ordinaria y el Primer Simpósium Técnico de la AMHPAC, a celebrarse en Guadalajara del 26 al 28 del presente mes, donde pretenden llevar a cabo un análisis acucioso de los retos que enfrenta la industria.

En una primera información, el presidente de AMHPAC, que también es productor en el Valle de Culiacán, destaca en sus apreciaciones que el crecimiento de la oferta de tomate no va a la par de la demanda en el mercado y que la producción que tiene mayores rendimientos en invernaderos, saturó y bajó como consecuencia los precios".

"Pareciera una moda", comentó a los periodistas capitalinos cuando le cuestionaron precisamente sobre el tema, aunque desconocen mucho del tema.

Campaña declaró que la baja de precio al que se le pagada al productor, se debe a la falta de planeación en la producción y a que cada vez hay más agricultores que ingresan a la siembra protegida de tomate, en invernadero y la consecuencia no sólo fue en baja de precios al productor en el mercado interno, sino también en el valor de las exportaciones.

Sobre el particular, dijo esto:

"Entre la producción de tomate en agricultura protegida y la del cielo abierto se dio un fuerte crecimiento. El problema es que no hay estadísticas, pero lo vimos reflejado en los precios".

Tuvimos que exportar, añadió, al nivel mínimo de precios, conforme al acuerdo con Estados Unidos,, cosa que no sucedía desde hace muchos años.

Justamente por esa situación recordó que desde 1998, México y Estados Unidos acordaron precios mínimos de venta del producto nacional en el mercado estadounidense, y así evitar el dumping.

El acuerdo se refrendó en el 2001 y el precio mínimo que se paga es de 5.85 dólares por cada 25 libras.

En consecuencia, la falta de planeación hizo que la cosecha de tomate se vendiera al precio mínimo y eso sucede por impulsar el financiamiento al tomate o promover sólo la producción de esta hortaliza.

Esto es parte de los temas que tienen por analizar en su Segundo Congreso que se efectuará en Guadalajara y en donde tendrán además expositores sobre diversos temas que tienen que ver justamente con los retos que debe enfrentar la producción de hortalizas, particularmente el tomate, en invernaderos.