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lunes, 14 de febrero de 2011

Temperatura y Humedad en Invernaderos

 invernadero_tomate.jpg

Temperatura.

Este es el parámetro más importante a tener en cuenta en el manejo del ambiente dentro de un invernadero, ya que es el que más influye en el crecimiento y desarrollo de las plantas. Normalmente la temperatura óptima para las plantas se encuentra entre los 10 y 20º C.

Para el manejo de la temperatura es importante conocer las necesidades y limitaciones de la especie cultivada. Así mismo se deben aclarar los siguientes conceptos de temperaturas, que indican los valores objetivo a tener en cuenta para el buen funcionamiento del cultivo y sus limitaciones:

Temperatura mínima letal. Aquella por debajo de la cual se producen daños en la planta.
Temperaturas máximas y mínimas biológicas. Indican valores, por encima o por debajo respectivamente del cual, no es posible que la planta alcance una determinada fase vegetativa, como floración, fructificación, etc.
Temperaturas nocturnas y diurnas. Indican los valores aconsejados para un correcto desarrollo de la planta.

Exigencias de temperatura para distintas especies 

La temperatura en el interior del invernadero, va a estar en función de la radiación solar, comprendida en una banda entre 200 y 4000 mm, la misión principal del invernadero será la de acumular calor durante las épocas invernales.

El calentamiento del invernadero se produce cuando el inflarrojo largo, procedente de la radiación que pasa a través del material de cubierta, se transforma en calor. Esta radiación es absorbida por las plantas, los materiales de la estructura y el suelo. Como consecuencia de esta absorción, éstos emiten radiación de longitud más larga que tras pasar por el obstáculo que representa la cubierta, se emite radiación hacia el exterior y hacia el interior, calentando el invernadero.

El calor se transmite en el interior del invernadero por irradiación, conducción, infiltración y por convección, tanto calentando como enfriando. La conducción es producida por el movimiento de calor a través de los materiales de cubierta del invernadero. La convección tiene lugar por el movimiento del calor por las plantas, el suelo y la estructura del invernadero. La infiltración se debe al intercambio de calor del interior del invernadero y el aire frío del exterior a través de las juntas de la estructura. La radiación, por el movimiento del calor a través del espacio transparente.

Humedad relativa.

La humedad es la masa de agua en unidad de volumen, o en unidad de masa de aire. La humedad relativa es la cantidad de agua contenida en el aire, en relación con la máxima que sería capaz de contener a la misma temperatura.

Existe una relación inversa de la temperatura con la humedad por lo que a elevadas temperaturas, aumenta la capacidad de contener vapor de agua y por tanto disminuye la HR. Con temperaturas bajas, el contenido en HR aumenta.

Cada especie tiene una humedad ambiental idónea para vegetar en perfectas condiciones: al tomate, al pimiento y berenjena les gusta una HR sobre el 50-60%; al melón, entre el 60-70%; al calabacín, entre el 65-80% y al pepino entre el 70-90%.

La HR del aire es un factor climático que puede modificar el rendimiento final de los cultivos. Cuando la HR es excesiva las plantas reducen la transpiración y disminuyen su crecimiento, se producen abortos florales por apelmazamiento del polen y un mayor desarrollo de enfermedades criptogámicas. Por el contrario, si es muy baja, las plantas transpiran en exceso, pudiendo deshidratarse, además de los comunes problemas de mal cuaje.

Para que la HR se encuentre lo más cerca posible del óptimo el agricultor debe ayudarse del higrómetro. El exceso puede reducirse mediante ventilado, aumento de la temperatura y evitando el exceso de humedad en el suelo. La falta puede corregirse con riegos, llenando canalillas o balsetas de agua, pulverizando agua en el ambiente, ventilado y sombreado. La ventilación cenital en invernaderos con anchura superior a 40 m es muy recomendable, tanto para el control de la temperatura como de la HR.

Recuerde, si tiene un invernadero sin nebulizadores para el control de la temperatura y humedad aquí en venezuela, podria poner en riesgo su inversión. Ofrecemos presupuestos para instalación de control del clima en su invernadero, solicitelo a travez del correo invernaderos@guarico.org , llamando al Ing. Eduardo Ziegler 0426-5576959 o visitenos en nuestra tienda agricola en San juan de los Morros.

Invernaderos Guarico CA RIF. J 29957176-8

Esta entrada fue publicada el Martes, Septiembre 28th, 2010 a las 3:30 pm y se archiva bajo la categoria Invernaderos. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a traves de la RSS 2.0 feed. Puede escribir un comentario, o regresar al inicio de la noticia.


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lunes, 9 de agosto de 2010

Invernaderos de alta tecnología, una solución al cambio climatico



No es ciencia ficción. "La tecnología ha progresado a niveles impensados. Hoy es posible disponer del clima que uno quiera, prácticamente en cualquier situación geográfica", señala Eduardo Oyanedel, ingeniero agrónomo, gurú del tema de cultivos bajo plástico y académico de la Universidad Católica de Valparaíso.

Esta institución es decana en el tema. De allí surgió, en los años 70, el diseño del madera más común en Chile. Desde diciembre de 2006 lleva adelante un proyecto en Quillota, financiado por Corfo Innova, para aumentar la cantidad, calidad y efectividad en la producción en invernaderos. Esto porque consideran que es a través de ellos que se pueden resolver problemas no sólo climáticos, sino de uso más eficiente de agua, nutrientes y controlar mejor plagas. Además de volver más eficiente el cultivo.

A modo de ejemplo, los beneficios de usarlos se ven claramente en cultivos como el tomate.

Según Eduardo Oyanedel, al aire libre, el rendimiento no supera las 100 toneladas por hectárea, mientras que en un invernadero frío, sin calefacción, en la V Región, con dos ciclos de seis meses, se llega a 300 toneladas al año. Pero en Inglaterra, usando los de vidrio y con calefacción, se cosechan 850 toneladas en un ciclo de once meses.

Precisamente es demostrar que hay nuevas tecnologías cuya mayor inversión resulta amortizada por los resultados productivos, lo que busca el proyecto de la UCV . Éste contempla el uso de cubiertas de material plástico rígido, desarrollado por Ondex, que dejan pasar la radiación fotosintéticamente activa y retienen de forma óptima el calor necesario. Esto permite que puedan ser usados en zonas climáticas extremas.

En Chile el uso de invernaderos, hasta ahora, es bastante limitado. De las aproximadamente mil hectáreas que existen _para el cultivo desde plantas de interior hasta y tomate y pimiento para consumo fresco-, cerca del 10% corresponde a instalaciones de alta tecnología, con estructuras metálicas. El otro 90% son de madera con cubierta de polietileno.

Para Armand Evaristo, Export Sales Manager de Ondex, las heladas de este año son una poderosa razón para que los productores chilenos consideren invertir en invernaderos que consideren elementos como uso de temperatura o control de humedad.

"Permiten cultivar fuera de estación y con calidad más homogénea y aumentan la rentabilidad por metro cuadrado. Además, al dar más seguridad ante eventuales fenómenos climáticos, permite a los productores cumplir con los compromisos internacionales", detalla.

Sin embargo, los agricultores chilenos ven las heladas de este año como algo excepcional. El clima estable y de muy baja oscilación térmica que habitualmente tiene Chile aplaca cualquier intento por convencerlos de invertir más.

Emilio Navarro, gerente de Riegosistemas, empresa que entre otros productos comercializa insumos para invernaderos de la compañía israelí Netafim, señala que por esa misma razón en Chile es posible obtener buenos resultados con baja tecnología.

El cambio tecnológico de una instalación de madera a otra con estructura metálica implica una inversión 5 veces mayor, estima Oyanedel.

Por ejemplo, uno destinado a la producción de semillas representa una inversión inicial de US$ 4,06 por metro cuadrado. Este valor considera una estructura de madera, cubierta de polietileno y sistema de riego por cintas. Otro, de similares características, sin sistema de riego y sin postes en el interior de la unidad, destinado a la maternidad de un vivero de cítricos, costaría US$ 3,32 por metro cuadrado. La renovación del polietileno es un costo significativo dentro de la operación y puede llegar a US$ 0,86 metros cuadrados cada dos o tres años, considerando materiales y mano de obra. En tanto, el costo de un invernadero de alto nivel tecnológico es considerablemente mayor. Uno de estructura metálica, con cubierta de polietileno y ventilación mecánica tiene un costo de US$ 18/m2 (CIF), más la instalación.

"Aún cuando ha habido intentos formales de empresas extranjeras por introducir invernaderos de alta tecnología en Chile, los resultados a nivel comercial son bastante magros", sostiene.

Hasta el momento, sólo han asimilado la tecnología de los metálicos y con control climático algunos productores de plantas de interior y flores de corte, que en su conjunto deben tener unas 50 hectáreas.

Para Evaristo la falta de inversión responde a la manera de pensar general de los agricultores. "No calculan que es una inversión y muchas veces se quedan con algo que al cabo de cinco años les habrá hecho gastar más recursos. Es mejor invertir de inmediato un 20% más", explica y hace hincapié en que, además, las propiedades de esas instalaciones se mantendrán inalterables por años.

Oyanedel agrega que hay 700 há de invernaderos tradicionales con potencial de mejoramiento.

"Dos o tres agricultores innovadores podrían generar importantes cambios tecnológicos, que no involucren un aumento de los costos", añade. n

las críticas

El profesor Oyanedel sostiene que este tipo de cultivo puede aumentar los riesgos para los trabajadores y el medio ambiente, en comparación con sistemas al aire libre.

"La alta temperatura, la humedad relativa y escasa circulación del aire hacen que el riesgo de intoxicaciones de los trabajadores por pesticidas sea considerablemente más alto", afirma.

Por otra parte, el monocultivo obliga al uso de fumigantes del suelo como el bromuro de metilo, producto que agota la capa de ozono y que es altamente tóxico.

Además, en los cultivos en suelo se usan altas dosis de fertilizantes, lo que es un alto riesgo de contaminación de las napas subterráneas.

¿Por qué un invernadero?

Patricia Peñaloza, académica de la PUCV, explica que el cultivo bajo plástico permite controlar factores ambientales como temperatura, humedad y luminosidad. Se denomina invernadero a estructuras de cierta altura, de madera o metal, provista de una cubierta transparente para que ingrese la luz solar y cumpla con los requerimientos fotosintéticos y de calor, y que deje escapar el mínimo de energía.

martes, 23 de febrero de 2010

Alternativas para el Control de Temperaturas Extremas en tomate en invernaderos

Alternativas para el Control de Temperaturas Extremas
El caso del tomate producido en invernaderos




Un interesante material didactico, ampliamente explicativo

miércoles, 27 de enero de 2010

Tecnología de invernadero utiliza el flujo del viento para maximizar producción



La utilización de la energía del viento dentro del invernadero podría incitar mayores rendimientos en tu producción. David Chelf, físico y productor de fresas orgánicas en San Diego, California, EUA, ha ingeniado un nuevo sistema de producción protegida que toma en cuenta el comportamiento del viento: “Yo no convierto el viento en energía, sólo capturo su presión,” menciona.

Chelf es creador del producto Airhous y propietario de su propia empresa de invernaderos, Airstream Innovations Inc. Como físico y productor, Chelf menciona la importancia de prestar atención a los efectos del viento en la producción protegida.

Invernadero al revés

“La idea es de buscar una manera de económicamente incrementar la productividad,” menciona. Los invernaderos son burbujas que se mantienen constantemente infladas al encauzar el viento de todas las direcciones a torres al final del invernadero y dentro del invernadero misma.

El invernadero multicapilla se delimita con canaletas ancladas al suelo a lo largo del invernadero.

En otras palabras, el invernadero se sostiene por su anclaje y no es determinado por una estructura metálica, a diferencia de un invernadero típico que requiere de esa estructura para poder sostenerse.

“Airstream Innovations fue creada en el 2006. Estamos en vías de revitalizar nuestra página de Internet, y expandiendo nuestros servicios. Air house es un término comunmente utilizado en Japón para describir estructuras apoyadas por aire. La palabra airhous es el nombre de la marca del producto,” nos mencionó Chelf en una entrevista teléfonica.

Flujo de aire

Las torres forjan aire a través de los abanicos, hacia dentro del invernadero. Las abanicos regulan el flujo de aire en el invernadero, manteniéndolo aproximadamente a tres millas por hora, lo cual, de acuerdo a Chelf es el óptimo para la respiración de la planta.

El flujo de aire constante optimiza la fotosíntesis y respiración de la planta, incrementando la tasa de crecimiento sin la utilización de insumos, mientras incrementa la producción.




Inspiración para su desarrollo

La idea salió a relucir después de tres años en desarrollo cuando Chelf, trataba de producir fresas a una alta elevación. Chelf menciona que el sistema le duplicó la producción y utilizó 40 por ciento menos agua, en comparación con la producción en campo abierto.


Airstream en México

En cuanto a costos Chelf mencionó: “El costo del producto en México es aproximado a veinte dólares por metro cuadrado, más el impuesto de importación y gastos de trasporte, los cuales dependerán de la distancia desde San Diego, California, EUA al lugar de instalación. Actualmente tenemos un cliente en Ciudad Juarez, Chihuahua y nos estamos expandiendo en varias partes de México. La expansión no sólo es en México, estamos por instalar un invernadero en las Islas Canarias, España.”

Para preguntas sobre este producto, visita la página de Internet de Airstream Innovations o contacte a su representante de ventas en México, Francisco González a francisco@airstreaminnovations.com o al tel. + (52) 351-115-4320

miércoles, 20 de enero de 2010

Gestión mecanizada de la fertirrigación, las labores culturales y el clima en invernaderos





La mecanización de la gestión del clima ha ido cobrando importancia, en todas sus modalidades. Desde el simple control del grado de apertura de las ventanas en función de la temperatura interior, a potentes equipos de regulación predictiva del clima incidiendo sobre numerosos actuadores distribuidos por los módulos de la explotación; y en algunos casos, gestionando simultáneamente la distribución de agua y nutrientes a las plantas, en función del contenido de agua del substrato, el peso de la planta o el modelo evaporativo. De esta forma, el riego se optimiza en función del consumo. Sin embargo, la mecanización de las labores culturales en invernaderos continúa siendo una asignatura pendiente en los mismos, de modo que los gastos en mano de obra suponen casi la mitad de los gastos corrientes de este tipo de explotaciones.



La mayor parte de la superficie de invernaderos mundial se localiza en regiones áridas como la cuenca Mediterránea, donde se concentra aproximadamente el 20% de la superficie mundial invernada. Concretamente en la provincia de Almería existe la mayor concentración de invernaderos a nivel planetario (el 4% del total mundial).

La superficie de invernaculos a nivel mundial ha experimentado en los últimos treinta años un crecimiento exponencial debido a la puesta en producción de nuevas áreas en los países asiáticos e Iberoamérica. Sin embargo, en España se ha estancado e incluso reducido en los últimos años debido a la caída en la rentabilidad de las explotaciones motivada por la crisis en los precios en origen de las frutas y hortalizas.

La creciente competencia en el sector de los invernaderos, hace necesario mejorar la calidad de los productos como factor diferenciador para su comercialización; además, la necesidad de mantener los niveles de beneficio, que antes se apoyaba en un incremento de la superficie productora, ahora debe basarse en un aumento de la producción y el rendimiento del cultivo. Estos dos factores han hecho necesaria la evolución tecnológica que se está desarrollando en los últimos años en el área de los invernaculos.

Actualmente se está produciendo un incesante avance en la tecnificación de los invernaderos. Se controla por ordenador el clima del invernadero, el aporte de agua y nutrientes, y algunos de los parámetros biológicos de los cultivos que permiten determinar el estado hídrico del mismo y detectar situaciones de estrés. Por otro lado, aparecen en el mercado máquinas y equipos diseñados específicamente para su uso en invernaderos, que permiten agilizar y facilitar las labores culturales. De igual forma se gestionan informáticamente los tiempos de trabajo de las labores realizadas por cada trabajador de la explotación para los distintos cultivos.



Las empresas auxiliares se encuentran en pleno auge, sólo en la provincia de Almería la industria auxiliar de la agricultura genera un negocio superior a los 1.000 millones de euros. Este esfuerzo de incorporación de tecnología relacionada con los invernaculos tiene que acompañarse obligatoriamente de otro relativo a la concentración de la oferta hortofrutícola, para de esta manera rentabilizar las elevadas inversiones necesarias. La concentración de la oferta debería incluirse en los diversos planes estratégicos que realizan las Administraciones como garantía de un precio justo en origen.

La mecanización de la gestión del clima ha ido cobrando importancia, en todas sus modalidades de gama baja, media y alta. Desde el simple control del grado de apertura de las ventanas en función exclusivamente de la temperatura interior, a potentes equipos de regulación predictiva del clima, que controlan múltiples parámetros climáticos, incidiendo sobre numerosos actuadores distribuidos por los módulos de la explotación; y en algunos casos, gestionando simultáneamente la distribución de agua y nutrientes a las plantas, en función del contenido de agua del substrato, el peso de la planta o el modelo evaporativo. De esta forma el riego se optimiza en función del consumo.



Sin embargo, la mecanización de las labores de los cultivos en invernaderos continúa siendo una asignatura pendiente en los mismos. Está muy limitada debido a los condicionantes derivados de trabajar en el interior de una estructura con un ambiente agresivo, poca separación entre apoyos y gran intensificación y forzado de los cultivos agricolas. Actualmente sólo se están produciendo avances significativos en la aplicación de productos fitosanitarios, cuyo uso está cada vez más limitado, tendiendo hacia la lucha integrada, el control biológico e incluso a la agricultura ecológica. Por todo ello, los gastos en mano de obra suponen casi la mitad de los gastos corrientes de este tipo de explotaciones.

Control del aporte de agua y nutrientes

En la actualidad, las instalaciones de fertirrigación se controlan por ordenador, con sistemas de diseño específico dotados de microcontroladores o mediante autómatas programables, donde el aporte de nutrientes se realiza en función de las necesidades del cultivo. Se busca optimizar la absorción de los elementos nutritivos por parte de la planta. Estos equipos intentan mantener un nivel de pH ligeramente ácido en el agua de riego de forma que los elementos nutritivos presenten una mejor solubilidad. También se controla la conductividad eléctrica (CE), que es proporcional a la concentración de la disolución nutritiva en la que se incluyen los fertilizantes. Tanto la CE como el pH se miden por medio de sensores electrónicos, al igual que la temperatura del agua, que es necesaria para corregir el valor de la conductividad. En determinadas zonas es necesario instalar desaladoras en las explotaciones, debido a la mala calidad del agua y a la excesiva salinidad. Generalmente son instalaciones de ósmosis inversa, que depuran el agua y posteriormente la mezclan (desalada con la procedente del sondeo sin tratar) antes de incorporarla al sistema de riego.

Se utilizan tanto sistemas tipo venturi como bombas de inyección. En ambos casos la inyección se gestiona mediante electroválvulas que se abren cuando reciben el impulso eléctrico desde el automatismo controlador. La inyección se realiza por pulsos eléctricos del orden de milisegundos, de forma que la abertura se va realizando sucesivamente hasta que la lectura de los parámetros de control, CE o pH, se ajustan al valor deseado.


El aporte de solución nutritiva se puede regular determinando el tiempo necesario de riego para aportar un volumen estimado o en función de las necesidades de la planta (riego a la demanda). En los cultivos en enarenado se suele utilizar el riego horario, en el que el agricultor calcula el tiempo de riego que es necesario cada día en función del estado fisiológico de la planta, del estadio fenológico y del clima. El riego a la demanda se puede realizar en función de sensores climáticos de forma que se establecen los valores críticos de temperatura o humedad a partir de los cuales hay que regar. También se pueden utilizar tensiómetros para determinar las necesidades de riego, aunque este sistema requiere una correcta determinación de la posición de los tensiómetros con respecto a la zona radical de las plantas y una buena distribución dentro del invernadero, para evitar los errores que provoca la heterogeneidad del suelo.

Mecanización de las labores culturales

Para los tratamientos fitosanitarios se utilizan los carros eléctricos autopropulsados dotados de barras verticales de pulverización, que se desplazan sobre las tuberías del sistema de calefacción y poseen control automático de la distancia a recorrer en cada línea de cultivo, evitando así la proximidad del operario a la zona tratada. Además, su velocidad de desplazamiento constante les permite mantener una buena uniformidad en el tratamiento. Cuando no se dispone de los raíles que permiten el guiado automático, se pueden utilizar equipos muy compactos y de pequeño tamaño, dotados de ruedas neumáticas y con transmisiones hidráulicas que les permiten una gran maniobrabilidad.



También se utilizan sistemas de nebulización a ultrabajo volumen. Esta técnica consiste en equipos de ventiladores que producen una circulación de aire dentro del invernadero creando un flujo continuo. Los ventiladores están provistos de una boquilla por la que se inyecta el líquido (con un caudal de aplicación aproximado de 2-3 l/h) de tratamiento que se mezcla con el aire produciendo una nebulización de microgotas (5-20 mm). Este sistema permite una distribución uniforme del tratamiento en forma de niebla que impregna todas las zonas del cultivo, disminuyendo el riesgo de un aporte excesivo de producto que pueda quemar las hojas o frutos. Posibilita la aplicación de forma automatizada, sin la actuación de operarios, con la consiguiente eliminación de riesgos. Esto permite la programación de los tratamientos para que se realicen al anochecer, evitando así las altas temperaturas diurnas, lo que aumenta su efectividad. La nebulización disminuye la cantidad de producto necesaria por unidad de superficie. Un ventilador permite cubrir una superficie máxima de 5.000 m2. Existen tanto equipos fijos, acoplados a la estructura del invernadero, como máquinas móviles desplazables a los distintos módulos de invernadero de la explotación.

No obstante la mayoría de las explotaciones, cuando aplican fitofármacos, lo hacen mediante pistolas acopladas a redes fijas de distribución. La tendencia general es hacia el control biológico mediante depredadores naturales, con niveles cero de residuos de plaguicidas, haciendo los agrosistemas más respetuosos con el medio ambiente y mejorando la imagen que los invernaderos transmiten a la sociedad.

Para facilitar las labores culturales, las explotaciones disponen de carros eléctricos autopropulsados con plataformas elevadoras mediante cilindros hidráulicos (foto 2). Normalmente estas máquinas se desplazan utilizando como raíles las tuberías del sistema de calefacción, aunque también existen modelos autopropulsados con ruedas neumáticas. La altura de la plataforma sobre la que se sitúa el operario se ajustada por éste en función de la zona de la planta donde ha de realizar la labor, evitando posiciones incómodas que dificultan su trabajo y disminuyen el rendimiento. Estos sistemas permiten aumentar el volumen de invernadero utilizado por las plantas, aprovechando así la mayor altura de las nuevas estructuras.

En los invernaderos más sofisticados, donde se han impuesto los cultivos sin suelo, que hacen innecesarias las labores de mantenimiento del terreno, el tractor ha dado paso a una serie de máquinas más propias de las industrias que del campo, como son las traspaletas y las carretillas elevadoras, que permiten un transporte rápido y cómodo de los palets. Esto es posible en aquellos invernaderos dotados de pasillos y almacenes acondicionados para el movimiento de estos equipos, al disponer de solera de hormigón.

Las labores culturales de trasplante, poda, tutorado, despunte, destalle, deshojado, aclareo, escarda y recolección siguen realizándose de forma completamente manual en todos los invernaderos. No obstante se están desarrollando robots en este sentido, aunque su uso a nivel comercial está aún muy limitado. Sin embargo, se utilizan sistemas de elevación móviles como ayuda a algunas de las tareas mencionadas, al permitir a los operarios desplazarse entre las líneas de cultivo variando la altura de la plataforma sobre la que se apoyan, en función de la altura en la que se localiza la zona de la planta que ha de manipular.

Para ayudar al proceso natural de polinización aérea, que en los cultivos en invernadero se ve dificultado por la estanqueidad de la estructura, se pueden utilizar máquinas sopladoras. Estos equipos están dotados de un pequeño ventilador, que genera un flujo de aire que se hace salir por un cañón, de forma que el operario puede dirigirlo de forma manual hacia la zona del cultivo donde se encuentran las flores. La polinización mediante abejorros está plenamente consolidada en el sector.

En algunas explotaciones con mayor nivel de tecnificación, también se instalan sistemas de almacenamiento de datos electrónicos (foto 3) en los que los operarios deben introducir los correspondientes a las calles o filas de plantas en las que han trabajado, al tipo de labor realizada, y su código de operario; de forma que esta información se puede recoger en un ordenador personal para poder controlar todas las labores que se llevan a cabo en el invernadero, a la vez que poder realizar el tratamiento estadístico de los datos para la evaluación del rendimiento de cada trabajador. Estos dispositivos permiten establecer políticas de incentivos a los operarios.

En el proceso de clasificación de los frutos se pueden emplear pequeñas máquinas calibradoras que separan los frutos en función de su tamaño y que se instalan directamente dentro del invernadero. Lo usual es llevar los frutos sin clasificar a las centrales de manipulación; pero algunas fincas disponen de pequeñas máquinas de clasificación que permiten la venta directa desde los invernaderos, así como el aumento del precio del producto, ya que sale de la explotación clasificado por categorías. Estas máquinas son muy útiles y usadas en otros países como Holanda, aunque no son comparables con los grandes equipos que existen en los centros de manipulación, que lavan el producto, lo clasifican por calibre, peso y color, y lo empaquetan incluso plastificado, con una capacidad de trabajo elevadísima, de hasta 20.000 kg/h y línea de trabajo. Existe una tendencia a que incorporen sistemas no destructivos de medida de propiedades organolépticas.

Mecanización de la gestión del clima


Otro de los aspectos del manejo de los invernaderos en el que se está produciendo una continua incorporación de maquinaria y equipos, es el control climático. Como consecuencia del interés de los agricultores por incrementar los rendimientos, mejorar la calidad de la producción final, modificar los periodos de máxima producción y asegurar su cosecha, se ha producido una vertiginosa incorporación de sistemas de control climático en los invernaderos. Estos equipos tienen por objeto el control de uno o varios de los parámetros ambientales que influyen en el crecimiento de los cultivos para conseguir mantenerlos en todo momento dentro del rango beneficioso para las plantas.

El principal problema que se plantean los agricultores y técnicos a la hora de incorporar un sistema de control climático en un invernadero, es saber cuál de ellos es más conveniente. Esto depende de múltiples factores interrelacionados que delimitan el sistema o incluso el equipo más aconsejable en cada caso. Así, la estructura del invernadero, los cultivos y variedades utilizadas, los periodos de producción y el sistema de comercialización con el que se trabaja, son elementos que hay que considerar a la hora de evaluar la incorporación de tecnología.

El principal motor del clima de los invernaderos situados en la cuenca mediterránea es la ventilación natural. El éxito de la implantación de cualquier otro método de climatización está supeditado y comprometido a la disponibilidad en el invernadero de un sistema eficaz de ventilación. La mecanización de la ventilación natural se basa en la instalación de motores eléctricos que permiten el accionamiento del proceso de cierre y apertura de las ventanas. En la actualidad se utilizan dos tipos de motores: motorreductores, que permiten el accionamiento simultáneo de múltiples ventanas mediante un sistema de piñón-cremallera, empleados principalmente en las ventanas cenitales, y los motores enrollables (foto 4), que se usan en las ventanas laterales al permitir que el plástico se enrolle alrededor de un eje que está accionado directamente por el motor acoplado en uno de sus extremos.

Las principales deficiencias climáticas de la mayor parte de los invernaderos están relacionadas con una insuficiente superficie de ventilación, que varía entre un 10 y un 15% de la superficie de suelo cultivado (cifras muy inferiores a las recomendadas), y a la colocación de mallas anti-insectos en las aberturas de ventilación, que reducen drásticamente la capacidad de renovación de aire y cuyo uso es prácticamente insustituible por parte de los agricultores. Las principales vías de mejora tecnológica han de partir de las fuentes propias de riqueza que caracterizan la costa mediterránea y que son sin duda la clave para el éxito que han tenido hasta ahora los cultivos en invernadero. Así, el clima de las zonas invernadas se caracteriza por un riesgo de heladas inferior a un día al año, una oscilación térmica anual de 13-14ºC, un número de horas de insolación anual superior a 3.000 h y un régimen permanente de vientos durante la práctica totalidad del año.

Aunque muchos invernaderos tipo “Almería” solo cuentan con ventanas laterales, en los últimos años se ha producido una masiva incorporación de sistemas de ventilación cenital a los invernaderos. La mayoría de los invernaderos que no cuentan con ventanas cenitales son estructuras del subtipo plano, y por lo general bastante antiguos. Prácticamente todos los invernaderos que se construyen hoy día disponen de este tipo de ventanas, indispensables en zonas cálidas como la región mediterránea. La mayor parte de los agricultores están optando por las ventanas cenitales abatibles ya que tienen un accionamiento mediante sistema de piñón y cremallera que permite controlar fácilmente el grado de apertura e incluso posibilitan el accionamiento automatizado mediante motorreductores. Una alternativa a la ventilación natural es la ventilación forzada mediante extractores, con capacidades de 10.000 a 50.000 m3/h y potencias eléctricas de 0,5 a 3,5 kW.

Las mallas de sombreo interiores no muestran diferencias significativas con respecto a la tradicional técnica del encalado de la cubierta del invernadero como medio para disminuir las elevadas temperaturas en el periodo cálido. En este caso la falta de eficacia de las mallas se puede relacionar con la reducción de la ventilación que supone la colocación de un material de baja porosidad entre la zona superior del invernadero donde se encuentran las ventanas cenitales por donde suele salir el aire y la inferior donde se sitúan las ventanas laterales por las que entra el aire, y el propio cultivo que se desea refrigerar.

Hay que insistir por tanto en que la principal vía de mejora de las condiciones climáticas en los tradicionales invernaderos mediterráneos, que como se ha señalado anteriormente siguen constituyendo la abrumadora mayoría de la masa productiva, está ligada a un perfeccionamiento de los sistemas de ventilación natural y de la técnica del encalado. A pesar de esto, los sistemas mixtos de ventilación con extractores, utilizados en momentos puntuales, y ventilación natural cuando el viento exterior garantiza un buen nivel de renovación de aire pueden constituir la solución óptima a los problemas de ventilación. De igual modo las mallas de sombreo colocadas en el exterior y utilizadas de forma simultánea al encalado pueden asegurar mejoras en el microclima del invernadero al eliminar el problema de su interferencia con el flujo de aire interior. El principal problema que encuentran estas nuevas técnicas para su implantación es que aumentan aún más el precio de las instalaciones que de por sí ya es elevado.

Sistemas de calefacción

Los sistemas de calefacción más utilizados en invernaderos son los generadores de aire caliente de combustión directa y la calefacción mediante tuberías de agua caliente. Los primeros son equipos con un alto rendimiento en los que se quema un combustible (propano o gas natural), introduciendo en el ambiente aire caliente y los gases resultantes del proceso de combustión. Están provistos de un quemador y un ventilador de gran capacidad (de 3.000 a 6.000 m3/h) lo que les permite tener una gran potencia térmica (50.000-80.000 kcal/h).

En las zonas de climas muy fríos o cuando se desea incrementar la temperatura ambiente durante periodos de tiempo prolongados se hace necesaria la instalación de sistemas de calefacción por medio de agua caliente. En una caldera (foto 5) se produce el calentamiento de agua mediante quemadores de gas propano, gasoil o fuel-oil. El agua caliente se distribuye mediante un sistema de tuberías por todo el invernadero retornando a la caldera tras haber cedido parte de su calor. Al estar las tuberías de conducción del agua caliente en torno a las plantas se consiguen bajos gradientes de temperatura y una mayor uniformidad térmica con respecto al cultivo.

Sistemas de refrigeración por evaporación de agua

Se utilizan cada vez más los sistemas de refrigeración por evaporación de agua, tanto para refrigerar el invernadero como para aumentar la humedad interior. Los más extendidos y adaptados a nuestras estructuras son las boquillas de nebulización, y en menor medida los paneles evaporadores.

La nebulización o fog consiste en distribuir en el aire un gran número de partículas de agua líquida de tamaño próximo a 10 mm. Debido al escaso tamaño de las partículas, su velocidad de caída es muy pequeña, de modo que permanecen suspendidas en el aire el tiempo suficiente para evaporarse sin llegar a mojar los cultivos. Al evaporarse enfrían el ambiente. El elemento más delicado de todo el conjunto es la boquilla de nebulización, pues de su diseño depende la calidad de la instalación. La boquilla recibe agua a presión, la divide en gotas minúsculas y las dispersa a corta distancia. El movimiento natural del aire redistribuye la humedad. También pueden usarse ventiladores que fuerzan una corriente de aire y mejoran el alcance de las gotas. Las boquillas se conectan a tuberías timbradas, instalando generalmente, una boquilla por cada 6-8 m2 de invernadero. El equipo funciona con agua cuidadosamente filtrada ya que las boquillas pueden obstruirse fácilmente. Las boquillas de alta presión (40 y 60 kg/cm2) producen gotas pequeñas, de las que el 95% son menores de 20 mm de diámetro. Las boquillas de baja presión utilizan agua a presiones comprendidas entre 3 y 6 kg/cm2. Existen varios tipos de boquillas que suelen mezclar agua y aire a presión.

Los paneles evaporadores (foto 6) poseen un material poroso que se satura de agua por medio de un equipo de riego. La pantalla se sitúa a lo largo de todo un lateral o un frontal del invernadero. En el extremo opuesto se instalan ventiladores extractores de aire. El aire exterior entra a través de la pantalla porosa, absorbe humedad y al evaporarse en el interior del invernadero, baja su temperatura. El principal problema de este sistema son los gradientes importantes de temperatura que genera, debidos a la excesiva anchura de las instalaciones, a veces muy superior a los 30 o 35 m recomendados. Tienen la gran ventaja de que pueden utilizarse incluso cuando el viento exterior es fuerte, lo cual ocurre en muchas ocasiones en las zonas invernadas, permitiendo la refrigeración del invernadero. Normalmente, por seguridad estructural, independientemente de que haya un exceso de temperatura, se cierran las ventanas con vientos incluso no muy fuertes (menores de 10-12 km/h); en esta situación el cultivo está en riesgo por exceso de temperatura, y la nebulización no funciona ya que se satura rápidamente el aire del invernadero, al no renovarse.

En los invernaderos situados en la costa mediterránea el principal problema de control climático suelen ser las altas temperaturas estivales. Normalmente se recurre a la utilización de los sistemas de ventilación para reducir la temperatura del invernadero, con el inconveniente de estar supeditados a un rango de temperatura que se sitúa entre 5 y 7ºC por encima de la temperatura ambiente exterior. Para poder reducir la temperatura interior del invernadero por debajo de la exterior es necesario recurrir a los sistemas de refrigeración en los que se introduce una cierta cantidad de agua dentro del invernadero que al evaporarse produce un aumento de la humedad absoluta y un descenso de la temperatura.

Sistemas de inyección de anhídrido carbónico

El cultivo en invernadero está sujeto a una concentración de CO2 fluctuante. La concentración de CO2 bajo las estructuras de cultivo en condiciones de alto consumo (dosel cerrado, alta radiación y baja renovación de aire) puede llegar a ser la mitad que en el exterior (350 ppm), por lo que se utilizan sistemas para incrementar la concentración del citado gas en el interior de los invernaderos. El enriquecimiento carbónico mediante la incorporación de CO2 puro es el procedimiento más utilizado y la fuente más controlable de incorporación de dióxido de carbono. El equipo necesario consta principalmente de un depósito (foto 7) donde se almacena el CO2 en estado líquido, un conjunto de vasos de expansión donde el líquido se transforma a su estado gaseoso por medio de una disminución de presión, un sistema de tuberías primarias y las tuberías de distribución junto al cultivo. Las tuberías pueden ser tanto cintas de riego con goteros insertados de 1 l/h o mediante mangas flexibles de polietileno transparente. Estas tuberías se ramifican por todo el invernadero distribuyendo el gas en la base de las plantas.

El enriquecimiento carbónico se lleva a cabo en función de una estrategia de suministro. El caso más sencillo es el suministro de CO2 a una tasa o concentración constante dependiendo del porcentaje de abertura de las ventanas. Otras estrategias más sofisticadas se basan en principios fisiológicos y económicos que consideran que las concentraciones entre 700 y 1.000 ppm están dentro de unos niveles fisiológicamente óptimos para el crecimiento y producción de las especies hortícolas. Una estrategia muy utilizada en los invernaderos que disponen de sistemas de abonado carbónico, es la de inyectar CO2 a 700 ppm cuando las ventanas están completamente cerradas, y a 350 ppm cuando están abiertas.

Control mediante ordenador

En lo relativo al control ambiental se está produciendo una evolución en la concepción de la mejora del clima, de forma que en la actualidad junto con la adecuación de los parámetros climáticos (radiación, temperatura, humedad y concentración de CO2) a los óptimos para el crecimiento y desarrollo de los cultivos, se persiguen nuevos objetivos como la homogeneidad de las condiciones ambientales dentro de los invernaderos y el rendimiento económico que supone el uso de las diferentes técnicas y sistemas de climatización. Para ello se están desarrollando sistemas de control de tipo predictivo, que basándose en previsiones meteorológicas, balances de energía en el invernadero y modelos de crecimiento de las plantas, permiten estimar las variaciones de producción generadas por los sistemas de climatización y su coste económico. Para ello también deben utilizar bases de datos de precios y modelos económicos que permitan predecir el valor de la producción final y compararla con el coste de funcionamiento de los equipos de climatización.

En los invernaderos tradicionales como los del tipo Almería en su variante «raspa y amagado» se utilizan pequeños controladores (autómatas programables) que regulan, por ejemplo, la apertura y cierre de ventanas, o el funcionamiento de los extractores, en función de la temperatura y de la humedad. En instalaciones más sofisticadas, con modernas estructuras tipo multitúnel o Venlo, se utilizan programas informáticos de gestión del clima, que integran todos los parámetros climáticos y todos los actuadores: ventanas cenitales y laterales, ventilación forzada, nebulización, calefacción, inyección de CO2, etc. Registran toda la información y la presentan en forma de gráficos que permiten el estudio pormenorizado de todo lo ocurrido en el invernadero.

También están disponibles equipos comercializados bajo la denominación de fitomonitores, que miden otra serie de parámetros relativos al comportamiento de la planta, como crecimiento del fruto y del tallo, flujo de savia o temperatura de la hoja. Estos dispositivos por el momento, sólo se muestran útiles como fuente de información cualitativa y no cuantitativa, debido: a la alta sensibilidad del instrumental, que origina variaciones en las medidas por perturbaciones externas o por una incorrecta instalación, a la falta de representatividad del conjunto de plantas del invernadero y al déficit de conocimiento existente hoy día relativo a los parámetros que mide.

Actualmente existen sistemas de medida de parámetros biológicos del cultivo que permiten determinar el estado hídrico del cultivo y detectar situaciones de estrés, tanto por falta de riego como por condiciones ambientales extremas. Estos sistemas han sido utilizados experimentalmente, y ahora comienzan a introducirse en los invernaderos comerciales como herramienta muy útil para evaluar el efecto que las acciones realizadas por los sistemas automatizados de gestión de la fertirrigación y del clima, producen en las plantas. Entre los principales parámetros utilizados destacan la temperatura del cultivo, el flujo de savia y las variaciones del diámetro del tallo y del fruto.

La diferencia entre la temperatura de cultivo y la temperatura del aire puede usarse como criterio para la detección del estrés hídrico. Esta diferencia, y los índices del estrés derivados, pueden ayudar en el manejo de los sistemas de control climático como las mallas de sombreo, la ventilación o los sistemas de nebulización. Las microvariaciones del diámetro del tallo dan una información útil sobre el estado hídrico y el crecimiento de las plantas. Estos datos pueden usarse junto a modelos de la evapotranspiración, no sólo para perfeccionar la programación del riego, sino para optimizar las consignas del control climático.

Los sensores de flujo de savia se basan en la medida de la variación de la pérdida de energía al aplicar en la proximidad de la corriente de savia bruta, una fuente de calor constante. Esta alteración en la disipación de calor se produce como consecuencia del aumento o disminución del flujo de savia que pasa por el tallo y que actúa como fluido refrigerante. La medida del flujo de savia permite estimar de forma muy exacta la tasa de transpiración del cultivo. Su valor sigue una evolución diaria estrechamente ligada a la de la radiación solar, con valores máximos en torno al mediodía y mínimos durante la noche. Las situaciones de estrés hídrico se detectan por caídas anormales de la medida del flujo de savia.

martes, 12 de enero de 2010

Los invernaderos: estado de la tecnología

Materiales: La cubierta

Los materiales plásticos empleados como cubiertas de invernadero se pueden clasificar en filmes flexibles, placas rígidas y mallas, aunque la superficie cubierta con los primeros supera con mucho a las otras dos opciones.

Los filmes plásticos utilizados para cubierta de invernaderos habitualmente tienen espesores comprendidos entre 80 y 220 micrómetros (μm)* y anchos de hasta 20 metros. En mercados avanzados se pueden encontrar filmes monocapa y tricapa. Respecto a los polímeros utilizados, el polietileno de baja densidad (LDPE) y los copolímeros de etileno y acetato de vinilo (EVA) y acrilato de butilo (EBA) representan más del 80% del mercado mundial, el cual incluye también PVC en Japón y polietileno lineal de baja densidad (LLDPE) en el resto del mundo. Las cubiertas de invernadero han ido evolucionando desde su lanzamiento en los años cincuenta.

Actualmente el tiempo de vida útil alcanza hasta cuarenta y cinco meses (frente a los nueve de hace unas décadas), dependiendo de los fotoestabilizantes utilizados, la localización geográfica, el uso de pesticidas, etc. La Norma para filmes de invernadero UNE-EN 13206:2002 ‘Filmes termoplásticos de cubierta para su utilización en agricultura y horticultura’ se ha publicado recientemente e incluye instrucciones sobre cómo medir el tiempo de vida, las dimensiones, propiedades ópticas y mecánicas, así como la opacidad a la radiación infrarroja; sin embargo, no incluye información sobre el comportamiento de los filmes respecto a la condensación (efecto antigoteo o antiniebla) o el efecto de los pesticidas en el envejecimiento acelerado.
 
Las placas rígidas tienen espesores mayores que los filmes, del orden del milímetro, y a veces presentan estructuras alveolares

Las placas rígidas tienen espesores mayores que los filmes, del orden del milímetro, y a veces presentan estructuras alveolares. Los materiales más utilizados son el poliéster reforzado con fibra de vidrio, el policloruro de vinilo (PVC), el policarbonato (PC) y el polimetacrilato de metilo (PMMA). Su empleo se reduce a invernaderos para cultivo de alto valor añadido o cuando se necesita que la cubierta tenga una gran duración (10-15 años).

El empleo de mallas en lugar de filmes como material de cerramiento, que no generan ‘efecto invernadero’ y sí ‘efecto sombreo’ y ‘efecto cortavientos’ es una opción de cultivo protegido que tiene cierta importancia en áreas de temperaturas invernales benignas, como las Islas Canarias y, en verano, en zonas de interior de cota alta, como la provincia de Granada. No existe para las mallas una norma española análoga a la de los filmes.

La estructura

En cuanto a los materiales estructurales,16 aproximadamente el 50% de los invernaderos son de estructura metálica (tubo de acero galvanizado), mientras que un 30% es de madera y el resto es de estructura mixta, entendiendo como tal el uso combinado de laminados de madera, perfiles metálicos, etc. Los materiales metálicos han ido sustituyendo a la madera, al mismo tiempo que la superficie media de un invernadero iba creciendo, siendo en la actualidad de unos 8.000 metros cuadrados. La geometría ha ido pasando de la estructura plana, frecuente hace unos años, a otras estructuras más avanzadas (figura 1). Aun así, la mayor parte de los invernaderos sigue siendo de estructura plana, aunque la que más se está construyendo (un 55%), es la ‘raspa y amagado’ simétrico, que surge a partir de la estructura plana ante la necesidad de poder evacuar el agua de lluvia con la cubierta simétrica a dos aguas. Estos dos tipos copan casi todo el mercado, lo que da una idea de la homogeneidad de las geometrías y de la escasa diversificación que éstas han tenido hasta el momento. El resto de estructuras se reparte entre multicapilla ‘raspa y amagado’ asimétrico (mayor superficie del plano expuesto al sur con el objeto de aumentar la capacidad de captación de radiación solar), multitúnel, macrotúnel y otros. Por zonas geográficas, Almería se decanta por las estructuras tipo ‘raspa y amagado’, mientras que en Murcia abundan más las estructuras multitúnel y en Huelva las de tipo túnel. Para cultivos ornamentales está más generalizada la utilización de invernaderos multitúnel en todas las zonas geográficas.

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Figura 1: Tipos de estructuras de invernadero: plana (arriba), «raspa y amagado» simétrico (centro) y multitúnel (abajo).

El aspecto que más ha variado en la geometría en los últimos años ha sido el crecimiento en la altura media del invernadero. Este se traduce en un aumento del volumen unitario (m3/m2), de forma que aumenta la inercia del invernadero a los cambios en los diferentes parámetros del clima (temperatura, humedad ambiental, déficit de presión de vapor, dióxido de carbono…) y amortigua los cambios bruscos de dichas variables. El incremento de altura también tiene un efecto positivo sobre la ventilación natural y hace el invernadero más funcional y susceptible de adaptación a sistemas de climatización activa y más apto para su posible mecanización. La altura promedio de los invernaderos más recientes es de 3 a 4 m, en comparación con los de 2,5 a 3 m de hace veinticinco años. La anchura de las capillas (cada una de las naves en las que se divide el invernadero) varía de 6 a 8 m de los simétricos frente a los 12 m de los asimétricos.

Sustratos

Una de las técnicas que más ha influido en el desarrollo de la agricultura bajo plástico ha sido el enarenado. Esta técnica consiste en la incorporación de una capa de arena de unos diez centímetros de espesor sobre el suelo, que confiere importantes ventajas: la arena crea un microclima favorable para la planta, ya que altera el balance de agua y energía, aumentando la temperatura y estimulando la fotosíntesis. También la humedad del suelo se conserva durante un tiempo más prolongado debido a la reducción de la evaporación, con el consiguiente ahorro de agua de riego.

Junto al enarenado, los cultivos en sustrato (medio de cultivo artificial sobre el que crece la planta) constituyen una alternativa interesante y con un rápido crecimiento en los últimos diez años, llegando al 20% de la superficie en Almería. Los sustratos más habituales son la lana de roca (9%), perlita (10%) y fibra de coco (1%). También se utiliza la turba tanto negra, con mayor contenido de materia orgánica, como rubia, más inerte. Para cultivos ornamentales existen sustratos apropiados para las distintas especies, que combinan mezclas de distintos sustratos en función de las necesidades de retención de agua o de duración de los cultivos.

Hay una tendencia a la implantación de cultivos en sustrato en los invernaderos de reciente construcción, por el menor coste inicial frente al enarenado, llegando al 50% en los invernaderos de menos de cinco años de antigüedad. También se está introduciendo el cultivo hidropónico puro, sin sustrato, en cultivos como la fresa, aunque su superficie es aún escasa.

Sistemas electromecánicos: Mecanización

La horticultura bajo invernadero se ha caracterizado por ser una agricultura intensiva en mano de obra frente a un relativamente bajo nivel de mecanización. En la actualidad el 40% de las explotaciones cuenta con tractor y, aunque un 10% tiene más de veinte años, la incorporación de tractores es creciente en los últimos años. Con ellos se cubren labores de mantenimiento del suelo, tratamientos fitosanitarios, transporte del cultivo dentro de la explotación y, en menor grado, el transporte del producto hasta el centro de comercialización. Se observa actualmente un crecimiento importante en la incorporación de maquinaria auxiliar a las explotaciones, destinada a mejorar la productividad en labores de transporte y carga de la producción. Los invernaderos para cultivos ornamentales tienen en general un grado de automatización mayor que los de plantas hortícolas, con sistemas de movimiento de plantas dentro del invernadero o de trazabilidad desde la semilla hasta el consumidor final mediante código de barras.

El sistema más generalizado para la aplicación de los tratamientos fitosanitarios es la pulverización, empleando para ello instalaciones fijas, presentes en más del 85% de la superficie bajo plástico. En los últimos años se ha producido un crecimiento muy importante de los pulverizadores hidroneumáticos (cañones).
 
Los invernaderos con calefacción más frecuentes en España son los de tipo multicapilla o multitúnel, de gran altura en cumbrera y con una antigüedad menor de cinco años

La climatización

En España los sistemas de climatización como la calefacción o la refrigeración activa son bastante escasos, aunque en otras áreas geográficas más frescas o con cultivos de mayor valor añadido, por ejemplo ornamentales, éstos son más frecuentes. Los sistemas de calefacción más utilizados, por ser los más baratos, son los generadores de aire caliente (combustión directa e indirecta) y los sistemas de tubería por los que circula agua caliente a temperatura media (30-45 °C). Menos utilizados son los sistemas basados en conducción de agua a alta temperatura (80-85 °C) por tuberías metálicas, por el alto coste de la inversión inicial. Los invernaderos con calefacción más frecuentes son los de tipo multicapilla o multitúnel, de gran altura en cumbrera (punto más alto del invernadero) y con una antigüedad menor de cinco años. Su superficie también está por encima de la media (8.900 m2), pertenecen a fincas de gran tamaño que siempre tienen electricidad y el nivel técnico de sus propietarios suele ser también superior a la media.

Los sistemas de ventilación lateral suelen ser de ventana enrollable o plegable (ventana flexible que se enrolla o pliega sobre un eje). Los de ventilación cenital suelen ser de banda deslizante, ventana abatible (ventana rígida que gira sobre un eje para abrir y cerrar), ventana enrollable o sin ventilación. El automatismo en el accionamiento de las ventanas, ya sea con motores independientes (sistemas semiautomáticos) o con programadores de clima (automáticos, con sensores de viento y temperatura) es poco significativo con respecto a los sistemas de accionamiento manual, pero continúa creciendo.

La refrigeración por evaporación de agua para reducir temperatura y aumentar la humedad ambiental dentro de los invernaderos es una alternativa que empieza a utilizarse. Los equipamientos de implantación más reciente y con más posibilidades de expansión son los sistemas de nebulización o pulverización de agua.

Fertirrigación

Fertirrigación es la aplicación de forma simultánea de los fertilizantes y el agua de riego. La fertirrigación se encontró en sus inicios con una serie de inconvenientes que dificultaban el manejo y la aplicación de los fertilizantes a través del entonces novedoso sistema de riego por goteo. Tradicionalmente los fertilizantes empleados para la aplicación en el suelo presentaban unas características que limitaban su uso en los sistemas de riego localizado, que son aquellos que aportan agua a puntos muy concretos, generalmente cerca de las raíces de las plantas. Tales características eran su escasa solubilidad, que provocaba obturación de goteros y filtros; la gran cantidad de impurezas, que impedía el control de las aportaciones y desvirtuaba los valores de salinidad o conductividad eléctrica del agua de riego; formulaciones descompensadas (ricas en ciertos elementos que, si bien son necesarios para los cultivos, en porcentajes excesivos son dañinos). En la actualidad existe una amplia gama de abonos solubles, con elevado grado de pureza y una gran variedad de formulaciones adaptables a las necesidades del cultivo en cada fase de crecimiento.

Paralelamente al desarrollo de fertilizantes aptos para fertirrigación, se han producido importantes avances en los sistemas de filtrado, que se han traducido en nuevos materiales resistentes a la corrosión, mejoras en el diseño y fabricación del elemento filtrante (mallas de gran fiabilidad, anillas microrranuradas de precisión...) y aparición de los sistemas automáticos de filtrado, que garantizan la limpieza continua del sistema.

El riego por goteo es una tecnología que se impuso en la década de los años ochenta y, en la actualidad, la utilizan casi todos los invernaderos.16 Hay que destacar la importante renovación que han experimentado los sistemas de riego por goteo: el 80% tiene menos de diez años y el 55% menos de cinco. En paralelo, se ha producido una mejora en la calidad de los goteros: el 80% de los invernaderos presenta una uniformidad excelente (coeficiente de uniformidad mayor del 90%). El consumo de agua por hectárea y año ha pasado en Almería de 7.000 m3 en el año 1982 a 5.500 m3 en la actualidad, con una eficiencia económica media (valor en la producción en finca) de 9 euros por m3 de agua empleada.

Sin embargo, el factor que más contribuye a la elevada eficiencia en el uso del agua en los cultivos bajo invernadero es el menor consumo de agua frente a los mismos cultivos al aire libre. La cubierta plástica reduce la demanda hídrica debido a la reducción de la radiación solar y al confinamiento, que limita los intercambios con el entorno exterior. En regiones con alta insolación el invernadero puede reducir el consumo de agua hasta en un 50%.
 
El cabezal de riego es un componente importante tanto por su repercusión económica en la inversión inicial como por el papel que juega en la fertilización

El cabezal de riego es un componente importante tanto por su repercusión económica en la inversión inicial como por el papel que juega en la fertilización. Aunque cada sistema es diferente en función de las necesidades del regante, suele incluir una unidad de bombeo, filtros, equipos de fertilización y elementos de control y medida.

El sistema de incorporación de abonos es uno de los de mayor importancia. Los tipos más habituales suelen ser la abonadora (sistema en el que los fertilizantes son disueltos por parte del caudal de agua que circula por un depósito auxiliar) (50%) y el ‘venturi’ (sistema en el que los fertilizantes se inyectan directamente en la corriente del agua de riego con un sistema de succión: 35%), aunque el primero es más antiguo. El sistema de fertilización manual está ligado a la presencia anecdótica de algunos invernaderos con riego a pie. La abonadora y la absorción directa son sistemas obsoletos, ya que la incorporación del abono se produce de forma variable a lo largo del tiempo, lo que se traduce en oscilaciones de la conductividad eléctrica del agua de riego. En la actualidad los sistemas más instalados son los de tipo ‘venturi’.

Otro factor de creciente incorporación es el programador de riego, presente en más del 30% de los invernaderos y ligado al crecimiento de la superficie de cultivo sin suelo. El 86% de los programadores se instaló hace menos de cinco años. Más del 80% de las fincas tiene balsa de riego, con una capacidad media de 2.000 m3. En su mayor parte están construidas con hormigón, aunque se tiende a utilizar cada vez más la geomembrana plástica. Todos los invernaderos, excepto los de cubierta plana, permiten la recogida de las aguas pluviales y su conducción a la balsa si dispone de las condiciones apropiadas. Se estima que un buen sistema de recogida de aguas pluviales puede cubrir un notable porcentaje de las necesidades hídricas de los cultivos.

Sistemas biológicos auxiliares: Polinizadores

Para obtener una buena cosecha en frutales y hortalizas de fruto, es necesario que las flores se polinicen. El transporte del polen puede llevarse a cabo por un agente físico, caso del viento, o un agente biológico, como los insectos. Los cultivos protegidos necesitan ayuda para que se produzca una polinización óptima, siendo uno de los métodos más utilizados el empleo de abejorros. La introducción de estos insectos en cultivos bajo plástico, desde finales de los años ochenta, se ha incrementado y ha sido aceptada por los agricultores. Esto se ha debido a que anteriormente la polinización se hacía con vibradores eléctricos o con hormonas, siendo muy laboriosa y con alto coste de mano de obra. En la actualidad, el uso de abejorros en invernadero ha permitido abaratar los costes de producción, mejorando la calidad de los frutos y haciendo que el uso de tratamientos fitosanitarios se haya dejado en un segundo plano para dejar paso a la introducción de organismos de control biológico para el control de plagas.
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Para obtener una buena cosecha en frutales y hortalizas de fruto, es necesario que las flores se polinicen.

 

Producción integrada

El control fitosanitario ha sido siempre uno de los caballos de batalla de la agricultura y así, a medida que se producían innovaciones tecnológicas, se han ensayado aplicaciones en este sentido: a principios del siglo XX se experimentó con corrientes eléctricas, campos electromagnéticos, distintos tipos de radiaciones, frecuencias, etc. Pero lo que sin duda ofreció un resultado rotundo fue el avance de la industria química, produciéndose un gran desarrollo de la agricultura a partir de la segunda mitad de siglo, avances jalonados de indudables éxitos y también de bastantes dificultades. Una de estas dificultades es la pérdida de eficacia en el control de plagas debido al desarrollo de resistencias a las materias activas utilizadas. Además en las últimas décadas la agricultura ha conllevado graves contaminaciones y degradaciones del medio por el exceso de plaguicidas y de agroquímicos en general. A partir de la década de los noventa la preocupación por la preservación del medio ambiente y la salud pública se recoge en la legislación de los diferentes gobiernos europeos.

Se produce así una reforma de la política agraria basada en planteamientos preventivos que promueven la sostenibilidad y reconocen el doble papel de los agricultores como productores y protectores del medio. Dentro de los objetivos propuestos se incluye la reducción del uso de pesticidas y la conversión de los agricultores hacia métodos de control integrado de plagas. Para lograr estos objetivos, en las diferentes comunidades autónomas españolas se aplican ayudas agroambientales, mediante las cuales los agricultores reciben ayudas compensatorias a cambio de establecer determinadas practicas agrícolas. Entre estas medidas destacan las ayudas para fomentar la producción integrada y la agricultura ecológica.
 
La Organización Internacional de Lucha Biológica (OILB) define la producción integrada como “el sistema de producción sostenible de alimentos de alta calidad mediante métodos respetuosos con el medio ambiente y manteniendo los ingresos de la explotación”
 
La Organización Internacional de Lucha Biológica (OILB) define la producción integrada como “el sistema de producción sostenible de alimentos de alta calidad mediante métodos respetuosos con el medio ambiente y manteniendo los ingresos de la explotación”. La OILB ha desarrollado directrices técnicas relativas a la producción integrada y las diferentes comunidades autónomas españolas han iniciado el desarrollo legislativo correspondiente (ya están reguladas y definidas las técnicas y formas de producción integrada y la Administración reconoce los productos cultivados de esta manera con un distintivo de calidad que permite su diferenciación y reconocimiento). La producción integrada es un concepto amplio que engloba la utilización del control integrado de plagas, así como la realización de estrategias para conservar y aumentar la fauna auxiliar autóctona. 
 
En este sentido la OILB define, por ejemplo, el establecimiento de un 5% de áreas de compensación ecológica sin cultivar, que permitan la conservación de esa fauna auxiliar. El control integrado de plagas se basa en el empleo de los enemigos naturales de las plagas (parasitoides, depredadores y patógenos) y de las enfermedades para mantener su impacto por debajo del umbral económico de daño, así como otras medidas de control (mecánico, químico…). Aunque es conocido desde hace décadas, su empleo a gran escala en cultivos hortícolas y ornamentales de invernadero no se ha producido hasta los últimos 10-15 años.20 Las áreas de producción hortícola se caracterizan por la presencia simultánea de diferentes cultivos de ciclo corto, que en su mayoría comparten las mismas plagas, y por una elevada carga de agentes nocivos durante todo el año. Por ello la estrategia utilizada para conseguir un control de plagas consiste en sueltas inoculativas periódicas de entomófagos y parasitoides procedentes de crías en insectarios.
Por otro lado, el concepto de producción certificada se refiere a la producción de acuerdo a una norma determinada y certificada por un organismo de normalización. En España existe la norma UNE 155001 'Hortalizas para consumo en fresco. Producción controlada'. En la actualidad, más de la mitad de la superficie de invernaderos en Almería está certificada por alguna de las normas de calidad existentes. Las hectáreas acogidas a la norma UNE 155001 han crecido rápidamente en la última década, aunque parece que se han estabilizado en torno a las 11.700 hectáreas. A esta superficie habría que añadir la certificada por producción ecológica, producción integrada (utiliza productos naturales y de síntesis siempre que sean respetuosos con la naturaleza) o por EurepGap, principalmente (programa privado de certificación consistente en aumentar la confianza del consumidor en la sanidad de los alimentos a través del desarrollo “buenas prácticas agrícolas” que deben adoptar los productores). Destaca la gran expansión del control biológico que se ha dado en el sureste de España, en el Campo de Cartagena a partir de 2001 y en los dos últimos años en Almería. Se ha pasado de unas pocas hectáreas con control integrado en la campaña 2005-2006 a 1.400 hectáreas el año siguiente y a más de 11.000 hectáreas en la última campaña 2007-2008.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Cuidar el invernadero

Cuidar el invernadero

En un invernadero tan importante es cuidar los elementos externos y estructurales como mantenerlo de la mejor forma posible en el interior. Dentro del invernadero son necesarias estanterías para las macetas, cajas para semilleros, un termómetro y otros accesorios como calefacción, persianas o ventanillas para favorecer la ventilación.

La calefacción es un lujo que a veces es supérfluo para el buen funcionamiento del invernadero. Sin embargo, puede convertirse en un recurso necesario para un jardinero que quiera cultivar flores fuera de temporada, especies tropicales o plantas débiles. Hay muchas especies que se pueden cultivar en invernadero sin necesidad de calefacción.

En el verano, incluso si vivimos en lugares muy fríos, se puede utilizar un invernadero sin calefacción para cultivar la mayoría de especies que crecen al aire libre en los climas templados, como tomates, pepinos, melones o calabacines. Durante el invierno se puede cultivar lechugas, rábanos, espinacas. Un poco de calefacción de vez en cuando, que puede proporcionar una estufa eléctrica, será suficiente para proteger temporalmente a las plantas durante inviernos muy crudos.


El suelo del invernadero

El suelo del invernadero nunca debe ser el que tiene el jardín. Es mejor recurrir a tierra diferente, más rica en componentes orgánicos y minerales. Éste es el caso ideal, pero a veces no hay más remedio que recurrir al existente. Siempre se puede enriquecer con compost, dependiendo del tipo de planta.

Un suelo artificial de invernadero tendrá que estar compuesto de una parte de turba de musgo y esfagnos, otra de arena gruesa y dos de la mejor tierra del jardín. Si es posible, también podemos echar a la mezcla un cubo de vermiculita o perlita por cada carretilla. Ambos son productos de roca que, aunque no tienen nutrientes, permiten la ventilación del suelo.

Si decidimos plantar hortalizas en el invernadero y cada año las mismas especies, lo mejor es cambiar la tierra, al menos cada dos años, ya que los nutrientes se agotan con facilidad.

Estanterías, bancos en gradas y semilleros

El equipo interior del invernadero está compuesto por estanterías y cajas de semilleros. Uno de los sistemas más efectivos para sacar el máximo rendimiento al invernadero son los bancos. Construir una serie de bancos en forma de gradas permite aprovechar el máximo espacio del habitáculo.

Los bancos tendrán entre 80 y 90 cm de ancho para poder realizar las actividades dentro con comodidad. Lo ideal es poner una hilera en cada lado del invernadero: una en la pared norte y otra en la pared sur (siempre en las paredes más anchas para sacarle el máximo rendimiento). Si el invernadero tiene menos de dos metros de ancho, sólo pondremos una hilera de tres gradas orientada al norte, ya que poner una grada a un lado y otra al otro dificultaría el paso y el trabajo con las plantas.

Para construir los bancos, lo más habitual es recurrir a la madera, aunque los excesos en los riegos pueden pudrirla. Esto se puede solucionar con plásticos que los recubran. Otro plástico tiene que situarse en la grada inferior para evitar que caigan gotas a las plantas de debajo. Las placas de vidrio son resistentes y duraderas, pero caras. Para sujetar los bancos podemos utilizar tubos viejos del gas, que se limpian bien y son fuertes.

Los semilleros se pueden situar en las partes bajas, en los bancos y en los pasillos si hay hueco. Para las cajas de semilleros lo mejor es utilizar compost comercial para el semilleros. Las zonas bajas de los bancos que apenas reciben luz pueden ser el lugar ideal para cultivar champiñones, que no requieren luz y enriquecen el suelo.

Temperatura y ventilación

La temperatura ideal para las plantas son 19º C de día y 7º C por la noche, sobre todo en el caso de un invernadero con gran variedad de especies. Un termómetro es una herramienta imprescindible para controlar los grados centígrados que necesita una planta para crecer y desarrollarse. Tanto si tenemos calefacción como si no, debe existir variación en la temperatura.

El aire nunca debe permanecer estático: invierno podemos recurrir a un ventilador que consiga mantener el aire en movimiento. La ventilación es fundamental en el invernadero: podemos también construir trampillas en las paredes y tejado, que abriremos y cerraremos según las necesidades de las plantas.

Los panales dobles en el invernadero es la mejor opción para mantener el calor de las plantas durante el invierno. Poniendo plástico en el interior del invernadero tendremos un panel adicional que nos servirá como solución temporal. Tener árboles de hoja perenne cerca también protege al invernadero de vientos fuertes y fríos.

En verano también es difícil conservar una temperatura fresca en el interior del invernadero. Algunos jardineros optan por pintar las hojas de vidrio, una capa que se retira naturalmente gracias a las primeras lluvias de septiembre y octubre. Otra opción más cara (o trabajosa si decidimos construirlas nosotros mismos) es utilizar persianas de caña o de plástico para el exterior del invernadero. Este tipo de persianas suelen durar poco ante las inclemencias del tiempo invernal.

Si tenemos el invernadero en un lugar que recibe mucho sol, podremos colocarlo cerca de árboles de hoja caduca, que dan sombra en verano, pero que en invierno, al no tener hojas en sus ramas, permiten que los pocos y débiles rayos de sol lleguen a las plantas.


lunes, 16 de noviembre de 2009

Manejo de Temperatura y Humedad bajo Invernaderos

Los invernaderos y plásticos agrícolas tienen como función principal la protección de los cultivos, asegurando y permitiendo a los agricultores mantener sus cultivos en buenas condiciones de desarrollo y crecimiento para obtención de producciones adecuadas. Manejar un microclima que permite controlar y mantener las temperaturas óptimas, aporta en cosechas más abundantes y de mejor calidad, reconocidas en el mercado por mejores precios. Adicionalmente permite programar las cosechas para épocas de escasez. La escoja de película o filme del invernadero más adecuado a un cultivo debe llevar en cuenta las necesidades del cultivo cuanto al microclima, evaluándose las propiedades ópticas y mecánicas que mejor se ajusten al invernadero.

El desarrollo de películas con bloqueo en el infrarrojo (antitérmicos), puede evitar el sobrecalentamiento diurno del invernadero, permitiendo cultivos en zonas tropicales o desérticas o en épocas calurosas en otras zonas, donde eran antieconómicos con otras tecnologías. Este tipo de cubiertas será sin duda un buen complemento a otras técnicas de refrigeración actualmente disponibles (uso de mallas térmicas, ventilación, bloqueo del IR, etc.).


Se han identificado más de 20 factores importantes para el crecimiento y desarrollo de las plantas. Los más importantes son: la nutrición, las malezas, las plagas y las enfermedades, la temperatura y la luz. En un cultivo bajo invernadero algunos factores pueden ser controlados, principalmente la luz y la temperatura, de tal manera que los rendimientos de cosecha sean los más próximos al potencial genérico de la variedad o especie. El microclima bajo invernadero debe ser el más próximo a las condiciones biológicas óptimas para la variedad cultivada. El manejo del invernadero se presenta como el factor determinante del éxito del agro negocio.

Las radiaciones que inciden sobre un plástico de un invernadero son de varios tipos: ultravioleta, visible, fotosintética (la luz fotosintéticamente active o PAR), infrarroja corta (NIR) y infrarroja larga. Los cuatro primeros tipos forman parte de la radiación solar, y el último es la radiación térmica que emite un cuerpo caliente, como por ejemplo el suelo del invernadero después de absorber calor durante el día, la propia estructura metálica y las plantas.

Los factores de producción: la luz y la temperatura

La luz: es un factor imprescindible para llevar adelante una serie de procesos fisiológicos en las plantas, siendo el más importante de todos la “fotosíntesis”. Los pigmentos vegetales involucrados en la fotosíntesis son las antocianinas (azul, hoja y púrpura en color), los carotenoides (naranjas y amarillos en color) que absorben 450-500 nm (azul y verde) y pueden cambiar energía con la clorofila para ayudar en la fotosíntesis; los fitocromos que absorben la luz roja (660 nm) y la luz roja extrema (730 nm) siendo responsables por la foto morfogénesis y por las respuestas de fotoperiodismo.

La parte del espectro, la cuál es beneficiosa e imprescindible para los procesos biológicos vitales, es la luz visible (~37% de la energía de la luz solar). La radiación UV (~0.6%) y también la radiación FR y NIR (~62.4%), contribuyen principalmente al aumento de calor en el invernadero durante el día.

Las hojas absorben eficazmente la luz en las longitudes de onda de las regiones del azul (400–500 nm) y rojo (500–600 nm) del espectro de radiación solar. Los fitocromos, fotorreceptores de las plantas, tienen su máxima sensibilidad en las regiones del rojo (R) y rojo lejano (RL) del espectro. Baja relación R: RL causa una reducción en la proporción de fitocromos que están en la forma activa y esta reducción estimula la elongación del tallo. Alta relación R:RL favorece la fotosíntesis y, por tanto, mayor producción de azucares y materia seca, estimulando el crecimiento. Las longitudes de onda que las plantas se utilizan son llamadas de luz fotosintéticamente activa o PAR (400 a 700 nm, cerca de 45 al 50% de la radiación global).

La luz actúa sobre la asimilación de carbono, la temperatura de las hojas y en el balance hídrico, y en el crecimiento de órganos y tejidos, principalmente en el desarrollo de tallos, expansión de hojas y en la curvatura de tallos, interviene también, en la germinación de semillas y en la floración. La luz y la temperatura están directamente correlacionadas. En mayores niveles de luz hay mayor temperatura y a mayores niveles de temperatura hay mayor transpiración y consumo de agua. A mayor luminosidad en el interior del invernadero se debe aumentar la temperatura, la humedad relativa (HR) y el gas carbónico (CO2), para que la fotosíntesis sea máxima; por el contrario, si hay poca luz pueden descender las necesidades de otros factores.

La calidad de la luz varía ligeramente en la naturaleza, principalmente de acuerdo con la localización de la producción o invernadero. La calidad de luz tiene influencia en la tasa de fotosíntesis. A mayor altitud, las plantas están más expuestas a longitudes de las fracciones azul y ultravioleta del espectro de radiación. A nivel del mar, la luz es en parte filtrada y su calidad disminuida. Plantas que son cultivadas en una condición o influencia de mucha sombra reciben abundante luz de las fracciones azul y roja y tienen su crecimiento perjudicado, creciendo más largos y delgados por una tasa fotosintética más baja. Intensidades de luz muy altas pueden reducir el crecimiento por resultado de un “estrés hídrico”.

La intensidad de la radiación solar que llega a la superficie de la tierra se reduce por varios factores variables, entre ellos, la absorción de la radiación, en intervalos de longitud de onda específicos, por los gases de la atmósfera, dióxido de carbono, ozono, etc., por el vapor de agua, por la difusión atmosférica por la partículas de polvo, moléculas y gotitas de agua, por reflexión de las nubes y por la inclinación del plano que recibe la radiación respecto de la posición normal de la radiación.

La temperatura: es el parámetro más importante a tener en cuenta en el manejo del ambiente dentro de un invernadero, ya que es el que más influye en el crecimiento y desarrollo de las plantas. Para el manejo de la temperatura es importante conocer las necesidades y limitaciones de la especie cultivada. Para una determinada práctica agrícola tenemos que conocer la temperatura mínima letal que es aquella por debajo de la cual se producen daños en la planta y las temperaturas máximas y mínimas biológicas que indican valores, por encima o por debajo respectivamente del cual, no es posible que la planta alcance una determinada fase vegetativa, como floración, fructificación, etc. Las temperaturas nocturnas y diurnas indican los valores aconsejados para un correcto desarrollo de la planta.

La temperatura en el interior del invernadero, depende de la radiación solar incidente, comprendida en una banda entre 200 y 4000 nm. El aumento de la temperatura en el interior del invernadero se origina cuando el infrarrojo largo, proveniente de la radiación que pasa a través del material de cubierta, se transforma en calor. Esta radiación es absorbida por las plantas, los materiales de la estructura y el suelo. Como consecuencia de esta absorción, éstos emiten radiación de longitud más larga que tras pasar por el obstáculo que representa la cubierta, se emite radiación hacia el exterior y hacia el interior, calentando el invernadero.

El calor se transmite en el interior del invernadero por irradiación, conducción, infiltración y por convección, tanto calentando como enfriando. La conducción es producida por el movimiento de calor a través de los materiales de cubierta del invernadero. La convección tiene lugar por el movimiento del calor por las plantas, el suelo y la estructura del invernadero. La infiltración se debe al intercambio de calor del interior del invernadero y el aire fresco del exterior a través de las juntas de la estructura y la radiación, por el movimiento del calor a través de la zona transparente.

El calentamiento del invernadero se produce cuando el infrarrojo largo, procedente de la radiación que pasa a través del material de cubierta, se transforma en calor.

Esta radiación es absorbida por las plantas, los materiales de la estructura y el suelo. Como consecuencia de esta absorción, éstos emiten radiación de longitud más larga que tras pasar por el obstáculo que representa la cubierta, se emite radiación hacia el exterior y hacia el interior, calentando el invernadero. El calor se transmite en el interior del invernadero por irradiación, conducción, infiltración y por convección, tanto calentando como enfriando.

La termicidad es una propiedad de los plásticos muy deseable durante los meses de invierno cuando la retención de calor en el interior del invernadero es una preocupación importante, pero también en las zonas tropicales es muy importante evitar ese calentamiento excesivo que puede ser manejado utilizando aditivos que bloquen la luz infrarroja (760 – 1000nm).

En verano, bajo invernaderos de zonas tropicales, las temperaturas pueden resultar demasiado elevadas y el crecimiento del cultivo no se incrementa en relación a ese mayor valor de temperatura, en verdad tiene un efecto negativo muy severo. Las altas temperaturas producen falta de turgencia en los tejidos, marchitamiento, fisiopatías que se presentan como quemaduras o necrosis y caída de flores.



Normalmente, durante el día la temperatura en el invernadero es mayor que en el exterior, pero durante la noche, en la que no existe aporte de radiación solar, el suelo se comporta como un cuerpo negro y emite energía en forma de calor hacia el exterior. Esto es lo que se conoce como “efecto invernadero”. En la medida en que el material de cubierta del invernadero sea más o menos impermeable a la radiación, esta se reflejará de nuevo hacia el suelo y la temperatura del interior será mayor o menor durante la noche.

El aire dentro de un invernadero sin calefacción y cerrado es siempre más caliente durante el día y la noche que el aire externo. La diferencia de temperatura depende principalmente de la radiación y volumen del invernadero (dado por el tamaño del mismo). Las estructuras con pequeños volúmenes de aire sufren variaciones más pronunciadas en la temperatura entre el día y la noche.

En algunas áreas geográficas es recomendable la reducción de la transmisión de energía térmica solar no luminosa (NIR). Es frecuente para evitar el calentamiento excesivo emplear mallas de sombreo en el interior o exterior del invernadero y la utilización del blanqueo del filme con la aplicación de un producto especifico en la capa exterior de la cubierta (como por ejemplo las pinturas blancas). Ambas soluciones tienen un efecto negativo: además de reducir la transmisión NIR también disminuyen la PAR, que es la radiación que necesitan las plantas para realizar la fotosíntesis y que debería mantenerse siempre lo más alta posible.

Los nuevos desarrollos de películas, utilizan que contienen un aditivo bloqueador de la radiación infrarroja (plásticos IR), que reflejan la radiación de onda larga que es emitida durante la noche por el suelo y las plantas, manteniendo así el calor dentro del invernadero. Son muy aptas para usar en zonas frías, donde se requiere aumentar la temperatura durante la noche. Estos plásticos son muy importantes, pues permiten el ahorro de energía y bajar el costo de la calefacción. Otro punto interesante a tener en cuenta es que los plásticos IR tienen la capacidad de elevar la temperatura del invernadero en alrededor de 3°C en la noche en zonas cálidas, y en zonas de intenso calor juegan un papel importante en la reducción de temperatura dentro del invernadero durante el día. La diferencia en temperatura durante el día, comparando con un plástico regular, puede ser hasta 4°C.

La intensidad de la luz solar puede también reducirse mediante mallas y pantallas de sombreo. En la actualidad existen sofisticados sistemas automatizados para maximizar el requerimiento de luz del cultivo durante el día y diferentes condiciones de nubosidad. La sombra artificial además es utilizada como la primera fase de enfriamiento. Estos sistemas son utilizados con la finalidad de excluir la luz solar durante varias horas durante el día. El objetivo normal del uso de un material de sombreo no es reducir la luz, sino el exceso de temperatura, puesto que tal falta es más perjudicial al crecimiento del cultivo cuando la temperatura es elevada

Las pantallas térmicas y de sombreo, automatizadas o no, permiten el manejo de la temperatura bajo invernadero. Pueden generar incrementos productivos de hasta un 30%, gracias a la capacidad de gestionar el calor recogido durante el día y esparcirlo y mantenerlo durante la noche, periodo en el que las temperaturas bajan en los invernaderos del sureste español. Además al existir pantallas en las que se tejen directamente láminas de material reflectante entre si, permiten obtener el nivel deseado de reflexión de los rayos solares. También existe la posibilidad de valerse de mallas con aditivo bloqueador del IR.

1.Necesidades específicas de los cultivos hortícolas cuanto a la luz, a la humedad y a la temperatura

Tomates (Lycopersicon esculentum Mill.)
Temperatura: La temperatura óptima de desarrollo oscila entre 20 y 30ºC durante el día y entre 15 y 17ºC durante la noche; temperaturas superiores a los 30-35ºC afectan a la fructificación, por mal desarrollo de óvulos y al desarrollo de la planta en general y del sistema radicular en particular. Temperaturas inferiores a 12-15ºC también originan problemas en el desarrollo de la planta. A temperaturas superiores a 25ºC e inferiores a 12ºC la fecundación es defectuosa o nula. La maduración del fruto está muy influida por la temperatura en lo referente tanto a la precocidad como a la coloración, de forma que valores cercanos a los 10ºC así como superiores a los 30ºC originan tonalidades amarillentas.

Humedad: la humedad relativa óptima oscila entre un 60% y un 80%. Humedades relativas muy elevadas favorecen el desarrollo de enfermedades aéreas y el agrietamiento del fruto y dificultan la fecundación, debido a que el polen se compacta, abortando parte de las flores. También una humedad relativa baja dificulta la fijación del polen al estigma de la flor.

Luminosidad: valores reducidos de luminosidad pueden incidir de forma negativa sobre los procesos de la floración, fecundación así como el desarrollo vegetativo de la planta. En los momentos críticos durante el período vegetativo resulta crucial la interrelación existente entre la temperatura diurna y nocturna y la luminosidad.

Pepinos (Cucumis sativus L. )
Temperatura: las temperaturas que durante el día oscilen entre 20ºC y 30ºC apenas tienen incidencia sobre la producción, aunque a mayor temperatura durante el día, hasta 25ºC, mayor es la producción precoz. Por encima de los 30ºC se observan desequilibrios en las plantas que afectan directamente a los procesos de fotosíntesis y respiración y temperaturas nocturnas iguales o inferiores a 17ºC ocasionan malformaciones en hojas y frutos. El umbral mínimo crítico nocturno es de 12ºC.

Humedad: es una planta con elevados requerimientos de humedad, debido a su gran superficie foliar, siendo la humedad relativa óptima durante el día del 60-70% y durante la noche del 70-90%. Sin embargo, los excesos de humedad durante el día pueden reducir la producción, al disminuir la transpiración y en consecuencia la fotosíntesis. Para humedades superiores al 90% y con atmósfera saturada de vapor de agua, las condensaciones sobre el cultivo o el goteo procedente de la cubierta, pueden originar enfermedades fúngicas. Además un cultivo mojado por la mañana empieza a trabajar más tarde, ya que la primera energía disponible deberá cederla a las hojas para poder evaporar el agua de su superficie.

Luminosidad: el pepino es una planta que crece, florece y fructifica con normalidad incluso en días cortos (con menos de 12 horas de luz), aunque también soporta elevadas intensidades luminosas y a mayor cantidad de radiación solar, mayor es la producción.

Pimientos (Capsicum annuum L.)
Temperatura: es una planta exigente en temperatura. Los saltos térmicos (diferencia de temperatura entre la máxima diurna y la mínima nocturna) ocasionan desequilibrios vegetativos. La coincidencia de bajas temperaturas durante el desarrollo del botón floral (entre 15 y 10ºC) da lugar a la formación de flores con alguna de las siguientes anomalías: pétalos curvados y sin desarrollar, formación de múltiples ovarios que pueden evolucionar a frutos distribuidos alrededor del principal, acortamiento de estambres y de pistilo, engrosamiento de ovario y pistilo, fusión de anteras, etc. Las bajas temperaturas también inducen la formación de frutos de menor tamaño, que pueden presentar deformaciones, reducen la viabilidad del polen y favorecen la formación de frutos partenocárpicos. Las altas temperaturas provocan la caída de flores y fruto pequeños.

Humedad: la humedad relativa óptima oscila entre el 50% y el 70%. Humedades relativas muy elevadas favorecen el desarrollo de enfermedades aéreas y dificultan la fecundación. La coincidencia de altas temperaturas y baja humedad relativa puede ocasionar la caída de flores y de frutos recién cuajados.

Luminosidad: es una planta muy exigente en luminosidad, sobre todo en los primeros estados de desarrollo y durante la floración.

2.Conclusiones

No todos los invernaderos son iguales, y las condiciones regionales deben ser evaluadas de manera que se considere que el objetivo principal de la agricultura bajo plásticos es un mayor abastecimiento de alimentos, menos costoso y más seguro.

El mayor conocimiento del efecto de la luz sobre las plantas, está dirigiendo los nuevos desarrollos de materiales hacia una modificación de la radiación incidente en los invernaderos para producir diferentes efectos como por ejemplo: antigoteo, antibotrytis, antivirus, etc. Los efectos pueden involucrar la reducción en el uso de fitosanitarios con el consiguiente beneficio ambiental.

La agricultura intensiva bajo invernadero se está encaminando hacia un mayor control del clima, que implica mejoras en estructuras y en materiales de cubierta, principalmente el PE con mejoras de las propiedades mecánicas y de las propiedades ópticas. Sin embargo, no basta con sólo invertir en un invernadero que cumpla con los requisitos para el manejo de los factores de producción. Lo importante es realizar el control de estos factores, en forma oportuna y aplicando las técnicas adecuadas requeridas para cada cultivo, zona o tipo de instalación. Pero sobretodo con un uso eficiente de los recursos involucrados, tales como mano de obra y otros insumos.

Los nuevos desarrollos se encaminan hacia materiales que mejoran sus propiedades mecánicas y hacia una selectividad de la radiación (cantidad y calidad). La utilización de películas con aditivos que bloquean el IR pueden ayudar a disminuir las temperaturas máximas en el interior del invernadero sin tener que perder por ello parte de la radiación PAR, que las plantas necesitan para su proceso vital, aprovechando la máxima intensidad de luz a primeras y últimas horas del día, y como resultado incrementando la producción, precocidad y calidad de las cosechas.