martes, 28 de septiembre de 2010

Chile manzano en invernadero, ventajas productivas y de mercado

El chile manzano se produce por lo común a cielo abierto y en condiciones de temporal, empero cuando se cultiva bajo invernadero y se utilizan semillas mejoradas, puede incrementar hasta 300% sus rendimientos y se obtienen frutos de alta calidad y larga vida de anaquel, que llegan hasta 30 pesos por kilo en el mercado.



Los sistemas de producción que se emplean para cultivar el chile manzano en nuestro país, se caracterizan por ser a campo abierto y bajo condiciones de temporal, donde se alcanzan rendimientos promedio de 20 toneladas de chile por hectárea (ha) al año. Mientras tanto, en condiciones de invernadero se llegan a obtener aproximadamente 80 toneladas de chile por ha al año.

Cabe señalar que el ciclo productivo de ésta planta varia de un año a un año y medio y tiene una vida útil de hasta cinco años o más en los sistemas intensivos, ya que en los huertos familiares puede durar 15 años o más si se atienden adecuadamente las enfermedades y plagas que la afectan.

La diferencia entre la producción que se obtiene a campo abierto y la que se consigue en invernadero es notoria, como también lo es la inversión que se requiere en un sistema y otro, por eso para recuperar la fuerte inversión de los invernaderos, los especialistas recomiendan programar la siembra del chile manzano de tal forma que se coseche en épocas donde el producto alcanza su mayor precio, además de que bajo este sistema se tiene la opción de producir alternativamente otros cultivos, como el jitomate.

Mario Pérez Grajales, especialista en chiles manzano, señaló que “es importante cosechar los chiles del mes de febrero al mes de junio, que es cuando vale más, porque en ese momento los productores de cielo abierto no tienen cosecha o tienen muy poquitos chiles; de esta manera podremos recuperar los costos del invernadero”.

En este sentido refirió que en un estudio realizado –hace tres años- por investigadores de la Universidad Autónoma Chapingo (Uach), se calculó que la relación costo-beneficio de cultivar chile manzano bajo invernadero era de uno por uno punto cinco, es decir, por cada peso invertido se obtienen 1.5 pesos, vendiendo en el mercado a 14 pesos el kilo, como precio más bajo y a 30 pesos por kilo, como precio más alto.

El investigador del Departamento de Fitotecnia de la Uach, mencionó que la superficie sembrada a nivel nacional con este tipo de chile es de aproximadamente mil 500 hectáreas (has) en campo abierto, mientras que alrededor de 40 mil has son de invernadero, mismas que están distribuidas en el Estado de México, Michoacán y Veracruz.

En México, las entidades con mayor superficie destinada a este chile originario de Perú son: Michoacán,  Puebla, Veracruz, Estado de México y en menor escala Chiapas y Oaxaca. Y su consumo es insustituible en zonas de la sierra norte de Puebla, en Toluca, Michoacán y Morelia, donde forma parte de los hábitos alimenticios.

Climas idóneos para el manzano

El experto explicó que, los climas idóneos para el desarrollo del chile manzano son los de transición, es decir, aquellas zonas de sombra donde se mezcla el aire caliente con el viento frío, es por ello que en campo abierto se le siembra bajo la sombra de árboles como el pino, aguacate o durazno. La temperatura óptima para su crecimiento se encuentra entre los 18 y 20 grados centígrados, por eso cuando se cultiva en invernadero debe emplearse un plástico lechoso que proporcione 50 por ciento de sombra a las plantas.

Además –sostuvo- que cultivar el chile manzano bajo invernadero permite tener una mejor calidad en los frutos pues se tiene control de las condiciones climáticas y ambientales, así como un mejor manejo de plagas y enfermedades que lo dañan, tales como “la secadera del chile”, la araña roja y la mosquita blanca.

“Los frutos obtenidos de plantas en invernadero presentan una mayor vida de anaquel, que puede durar hasta 25 días después del corte, sin que necesite de refrigeración, mientras que los frutos cosechados en campo duran un promedio de 5 días”, destacó Pérez Grajales, quien próximamente publicará sus investigaciones acerca de éste cultivo, en un libro llamado “Chile Manzano”.

En la actualidad, investigadores de Chapingo ya cuentan con tres variedades desarrolladas de chile manzano, las cuales fueron bautizadas con el nombre: “Chapingo Amarillo”, “Zongolica por Puebla” y “Puebla”, todas ellas dan frutos macizos de color amarillo, con pericarpio grueso de medio centímetro.

Sustituyen freseros siembra tradicional por macrotúneles

El cultivo de fresa en macrotúnel permite triplicar la producción, mejorar la calidad y garantizar la sanidad del cultivo, requisito que exigen los comercializadores de la frutilla.


El cambio es sustancial, debido a que con el cultivo tradicional se obtenían en promedio 30 toneladas de fresa por hectárea; con el empleo de macrotúnel se cosechan entre 80 y 100 toneladas en la misma superficie.

Michoacán es uno de los estados que ha innovado su producción fresera. En la zona de Zamora, rumbo a Chapala, se trabaja con este nuevo método de producción con “tecnología de punta”: Los macrotúneles ofrecen las condiciones idóneas para aumentar el volumen, mejorar la calidad y garantizar la sanidad de los cultivos, según el Consejo Nacional de la Fresa (Conafre).

La inversión para establecer un macrotúnel es de unos 350 mil pesos por hectárea, pero el agricultor recupera su inversión y le queda para vivir, cosa que resultaba casi imposible con la producción tradicional, que además quita fertilidad a la tierra y se produce menos. Esta tecnología es la única forma en que podemos reducir costos, porque aumenta la productividad”, apunta Octaviano Magaña, presidente del Conafre.

La sanidad es otro asunto que mejora considerablemente debido al uso de los macrotúneles: “Con este tipo de tecnología, todo se riega con agua profunda, que es agua potable y hay mucha sanidad dentro del cultivo”, afirma Magaña.

Requisito de comercializadores

Las condiciones ideales de las fresas producidas en macrotúneles ponen en aprietos a los productores ‘tradicionales’, debido a que en la región de Zamora los comercializadores de fruta fresca –que venden en los Estados Unidos, Canadá, Europa y ciudades mexicanas como Guadalajara, Monterrey y el Distrito Federal- no aceptan otra fresa más que la de los macrotúneles. En un futuro, “o abordamos toda esta tecnología o desaparecemos”, prevé Magaña.

La importancia que dan los freseros michoacanos a la salubridad de los cultivos tiene también su fundamento en la falsa creencia de una relación amibas-fresa mexicana, la cual, en opinión del presidente del Conafre es mala publicidad, mal fundada además.

Aún cuando las fresas fueran regadas con agua contaminada, puntualiza, esto no penetraría al fruto, por eso la idea de “comemos fresas mexicanas y nos enfermamos del estómago”, es errónea. Por eso, se trabaja para borrar esa imagen utilizando tecnología, “haciendo llegar a los mercados nacional y extranjero fresa totalmente libre de cualquier riesgo”.

En el estado se utilizan fertilizantes y pesticidas orgánicos; cuando hay necesidad de aplicar algún químico se siguen las recomendaciones de uso, como no cortar por determinados días hasta que el cultivo degrade los químicos, para evitar cualquier daño al consumidor.

Incluso, no se permite al trabajador fumar dentro de los cultivos; tienen letrinas y llaves de agua para que se laven las manos y cortan con tapabocas.

El propósito de Conafre es que esta tecnología, actualmente en expansión por Michoacán, se propague en toda la región y luego a todo el país. Según cálculos del propio Magaña, en Michoacán hay 2 mil 280 hectáreas dedicadas al cultivo de fresa, de las cuales 800 utilizan macrotúneles. La mayor parte de éstas se localizan en los municipios de Tanganzícuaro, Zamora y Jacona.
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La riqueza de la fresa

De brillante color rojo, exquisito perfume y delicado sabor, la fresa es una planta de tipo herbáceo y perenne de la familia de las rosáceas. Tradicionalmente se consume fresca, aunque cuenta con una gran diversidad de presentaciones, desde mermelada hasta cremas corporales. Tiene una alta concentración de vitamina C, agua, potasio y magnesio. Además, cuentan las malas lenguas que tiene propiedades afrodisíacas…

Agricultura e inversión protegidos

La agricultura protegida es una tendencia que ha modificado las formas de producir alimentos y que genera múltiples ventajas para los productores del campo.



Cultivos agrícolas fuera de su ciclo natural y en menor tiempo, capaces de enfrentar con éxito plagas y enfermedades, con mejores rendimientos en un espacio reducido, sanos y con un mejor precio en los mercados, es posible obtenerlos a través de la agricultura protegida.

Una de las tecnologías más conocidas que engloba este concepto son los invernaderos, pero también incluye túneles, microtúneles, casa sombra, cubiertas de plástico, acolchados plásticos, mallas, pantallas térmicas, mallas de diversos tipos o cortinas rompevientos.

Los cultivos hortícolas y ornamentales –apuntan especialistas de la Universidad Autónoma de Chapingo—experimentan una tendencia cada vez más marcada a obtener producción anticipada o fuera de estación y en condiciones diferentes a aquellas en las que tradicionalmente dichos productos se cultivaban a campo abierto, lo cual ha creado la necesidad de usar diversos sistemas y estructuras de protección de los cultivos para forzar su desarrollo. Esta actividad se conoce como agricultura protegida.

Además de las ventajas agronómicas, el empleo de la agricultura protegida permite a los agricultores obtener mejores precios por sus productos agrícolas, ya que pueden producir fuera de temporada. Esto se traduce, evidentemente, en un mejor ingreso. 

La necesidad de producir alimentos en forma más rápida y eficiente, protegiéndolos de los daños que generan climas extremos, son aspectos fundamentales para el surgimiento de la agricultura protegida.

Existen diversos factores que inciden sobre los cultivos cuando se desarrollan a campo abierto --señalan los agrónomos--, que dan como resultado bajos rendimientos. Entre éstos se encuentran baja fertilidad del suelo, enfermedades, plagas, competencia con otras plantas, condiciones climáticas poco favorables como falta de agua, bajas o altas temperaturas, así como métodos y técnicas inadecuadas de cultivo.

  La agricultura protegida implica el uso de métodos y estructuras que permiten brindar a los cultivos condiciones favorables para su desarrollo, lo cual se traduce en altos rendimientos.

Los elementos enfocados a proteger cultivos son diversos. Los acolchados y cubiertas flotantes se emplean para cubrir terrenos agrícolas con cultivos; las cubiertas de mallas para disminuir luminosidad y evitar el daño de insectos y granizadas y los mini invernaderos o micro túneles para plantas y regiones con necesidades específicas.

Los invernaderos actuales cuentan con dispositivos automáticos y equipos para controlar los principales factores climáticos, volumen de riego, nivel de fertilizantes o humedad, por ejemplo.

No obstante las múltiples ventajas que brinda la agricultura protegida, en todos los casos se debe completar con sistemas eficientes de riego, así como cuidados y prácticas de cultivo apropiadas a cada cultivo.

Agricultura protegida, la clave del diseño

Cultivar bajo invernadero especies de alto valor en el mercado puede traducirse en ventajas económicas para el productor, porque con este sistema productivo se obtienen productos de excelente calidad con altos rendimientos por unidad de superficie, lo cual permite generar ingresos para recuperar pronto costos de instalación y operación, dando paso a importantes utilidades económicas. Para ello es preciso saber elegir un buen diseño.



Tal vez muchos conozcan un invernadero y su funcionamiento, pero ¿cómo definirlo? De acuerdo con especialistas en el tema, “un invernadero puede definirse como una construcción agrícola traslúcida cuyo objetivo es reproducir o simular las condiciones climáticas más adecuadas para el crecimiento y desarrollo de plantas de cultivo establecidas en su interior, con cierta independencia del medio exterior. Para lo cual se recurre al diseño y equipamiento del mismo”.

Elegir de manera adecuada el diseño de un invernadero es sumamente importante pues en mucho de ello dependerá el éxito de la producción. Los expertos señalan que al momento de elegir uno, el productor debe considerar aspectos básicos como el material y características de las cubiertas, el tipo de invernadero, sus dimensiones (largo, ancho, alto), inclinación y forma de los techos, orientación del invernadero, área de ventanas y su localización, distribución de las plantas y los pasillos, entre muchos otros.

Tomando en cuenta también el cultivo que se va a producir, el sistema en que se va a cultivar, la calendarización de los ciclos y los promedios mensuales de la temperatura, humedad relativa, luminosidad, heladas, precipitación, granizo, viento, latitud y altura sobre el nivel del mar de la localidad en donde se va a instalar. De tal forma que el diseño de un invernadero resultará específico para cada caso y localidad.

Aunque lo anterior no descarta la existencia de aproximaciones preliminares para ciertos cultivos en localidades representativas de climas específicos, como el caso del diseño agronómico de invernaderos para producción de jitomate en climas templados como los Valles Altos o el Bajío.

Diseño agronómico de invernaderos para climas templados

De acuerdo con Felipe Sánchez del Castillo, especialista en diseño de invernaderos, los rasgos característicos de las regiones templadas del país son las bajas temperaturas nocturnas, heladas predominantemente radiactivas con viento del norte, primaveras calientes y secas eventualmente con mucha insolación (propensión a desórdenes fisiológicos, ácaros y otras plagas), vientos fuertes de hasta 80 kilómetros por hora, condensación de agua en plástico y hojas en los meses de otoño (propensión a enfermedades fungosas y bacterianas), así como nublados variables.

Por ello, el diseño de un invernadero para zonas templadas debe ser hermético (para evitar pérdidas de calor en noches frescas o frías); con calefacción suficiente (si se piensa producir en invierno); buena ventilación, poca estratificación de temperatura; posibilidad de reducir altas insolaciones sin sombras excesivas; una altura adecuada a la especie así como resistencia a vientos fuertes y carga por tutoreo.

En cuanto a tecnología, dicha estructura podría contemplar el uso de polietileno térmico de alta dispersión de luz, malla antiáfidos en ventanas, cortinas herméticas, anchos no mayores de 30 metros, con más de 25 por ciento de área de ventanas en relación con la superficie cubierta e inclinaciones pronunciadas en los techos para que el agua de condensación escurra y no moje las plantas.

También se puede considerar una doble puerta de acceso con tapete sanitario, barrera rompevientos, doble cortina con espacio de aire y sistemas sencillos de riego; aunque, de acuerdo con las posibilidades del productor, el invernadero puede ser acondicionado con niveles tecnológicos de alto diseño que permitan su total automatización.

Las ventajas técnicas de producir en un invernadero bien diseñado, como son la posibilidad de evitar bajas temperaturas o heladas al interior; el control de la radiación solar, la humedad edáfica, la velocidad del viento, los niveles de dióxido de carbono al interior y las plagas o enfermedades; reducen el riesgo de pérdidas en los cultivos e incrementan su calidad y rendimiento, permitiendo al mismo tiempo calendarizar los ciclos y programar los periodos de cosecha, para poder vender cuando existan los mejores precios en el mercado.

Si bien el diseño del invernadero es importante para realizar una exitosa agricultura protegida, hay que puntualizar que también lo es que el productor conozca las respuestas de las plantas a los diferentes factores del ambiente, así como la aplicación de los principios ecofisiológicos al diseño, manejo de las estructuras y a los sistemas de protección. Porque cada especie de cultivo tiene requerimientos ambientales propios para un funcionamiento fisiológico óptimo.

Los expertos aseguran que en la actualidad, el sistema de cultivo más avanzado y redituable desde el punto de vista económico, que conjuga una amplia gama de técnicas para controlar los factores ambientales, es la producción bajo invernadero con hidroponía; pues el control ambiental que se logra con estos sistemas —cuando están bien diseñados— se traduce en un comportamiento fisiológico eficiente que finalmente se expresa en un crecimiento, rendimiento y calidad final superior a otros sistemas de cultivo.

Robots para invernaderos

Hace décadas parecía un sueño, pero hoy es posible que un robot pueda realizar tareas propias del hombre. Su empleo en el caso de la agricultura, específicamente en los invernaderos, abre amplias posibilidades productivas, sobre todo en países donde la escasez de mano de obra es un problema. Así podemos observar robots que cosechan, cortan, pizcan o aplican riegos con una precisión que, incluso, supera la mano del hombre.



Esta innovación tecnológica requiere de sensores muy precisos. Una tarea importante y difícil en el campo es defoliar —quitar hojas de cultivos—. Hay un robot defoliador o podador de hojas, que cuenta con un sistema de visión en tercera dimensión que detecta, con una precisión impresionante, el punto exacto donde hay que cortar la hoja.
El robot capta la imagen, hace una separación del tallo, analiza y determina si está inclinado el pedicelo de la hoja, se posiciona y corta. Éste es un prototipo que está siendo desarrollado en Holanda.

Otro robot que ha salido al mercado es el cosechador de lechugas, que ya se utiliza en invernaderos de Bélgica en cultivo de crisantemo. Los robots fumigadores pueden circular entre hileras de los cultivos y realizar la aspersión. Son vehículos autónomos o autoguiados que regulan su velocidad y logran una aspersión uniforme.

También hay robots de corte de estacas en rosas que después las colocan en las macetas donde van a ser transplantadas. Ya está en el mercado.

Para introducir robots en invernaderos debe haber ciertas condiciones.

Se requiere un invernadero bien controlado en clima, con estructuras donde se puedan movilizar los robots, con pisos totalmente regulares, y aunque difícilmente se podrían introducir en cultivo de rosas, en los próximos años se desarrollará.

Para Armando Ramírez, “el desarrollo de estas máquinas puede parecer bastante fantasioso, pero el hecho de que se hagan inversiones enormes significa que en esos países tenían una necesidad, que es mano de obra, y para ellos son una alternativa”.

Hay robots injertadores —desarrollados en Japón hace diez años— que en pruebas han demostrado que son más precisos que los humanos. Los robots son parte de una tecnología que se podría utilizar en México en unos diez años, precisa Ramírez Arias.

Pros y Contras de la Agricultura Protegida

La producción de invernaderos, sin duda, tiene alta rentabilidad, pero los agricultores deben estar conscientes que para tener éxito deben conocer el tejemaneje de este sistema productivo, ya que un error puede costar la cosecha de todo un ciclo, con su consecuente impacto en el bolsillo.



Un invernadero puede ser totalmente rentable, pero si no se conoce su operación, las condiciones ambientales de donde se va a construir, los materiales adecuados a emplearse y, sobre todo se tiene un mercado asegurado, el productor tendrá resultados adversos.

Gilberto Gómez Pliego, presidente de la Asociación Mexicana de Constructores de Invernaderos, AC (AMCI), detalló las ventajas comparativas que existen entre los invernaderos y la agricultura a cielo abierto: “la primera y más importante, es que se pueden ‘borrar’ las inclemencias del tiempo —frío, heladas, granizo, agua, viento y demás condiciones meteorológicas—, protegiendo con ello el cultivo”.

Mientras que todos los países con invernaderos tienen nieve seis meses por estar situados en el norte del mundo, México tiene un clima, que en conjunto con esta tecnología, le permite producir los 365 del año.

Segundo —continúo Gómez Priego— se pueden manejar perfectamente las enfermedades dentro de los invernaderos.
Tercero, la calidad de los productos es mejor con respecto a la que se cultiva en campo abierto; debido a que la planta tiene un ambiente adecuado para su total desarrollo.
El representante de los constructores de invernaderos enfatizó que “lo más importante es todo lo que se produce en invernadero tiene un valor agregado en el mercado”.

Otra ventaja es que mientras en la agricultura tradicional se consume mucha agua, no sólo porque se tira sino que también se evapora, en invernadero además de ahorrarla se reutiliza.

Precisó que el ahorro del vital líquido representa “tranquilamente un 50 por ciento, comparada con la que se utiliza a cielo abierto”. Explicó que en invernadero con el agua de lluvia que se capta y almacena se alimenta la planta; posteriormente, una vez que se ha fertilizado y manejado se vuelve a reutilizar; proceso que se repite dos o tres veces.

Riesgos potenciales de un invernadero

No obstante, Gilberto Gómez reconoció que los riesgos de producir en invernadero “son mayores a los de la agricultura protegida, porque un descuido en el control del clima, puede provocar que una enfermedad destruya el invernadero en 24 horas”.

Otro riesgo —señaló— es el mercado, ya que si todos quieren producir jitomate, lo único que van a provocar es la saturación del mismo; por ello no sólo se tiene que planear qué producir, sino también diversificar el mercado, a fin de evitar el desplome en el precio.

Los productores deben de buscar un mercado diferente para producir lechugas y hortalizas más sofisticadas, e incluso orgánicos; en suma, “lo que el mercado compre, eso es lo que se debe de producir”, insistió Gilberto Gómez.

Consideró que, por ejemplo, Yucatán debería especializarse en la producción de chile habanero, porque tienen el cultivo, la experiencia y el valor agregado; lo único que tienen que hacer es producirlo y empaquetarlo para su exportación.

En otras regiones, existen invernaderos de plantas aromáticas, maíz, verdolagas, fríjol y toda una gama de productos, aunado a que cada región tiene cultivos especiales para producir bajo invernadero.

Aseveró que a pesar de que existe una tendencia fuerte a producir en invernadero, “la agricultura tradicional va a seguir existiendo, porque no se cuenta con los recursos suficientes para cambiarnos a una agricultura protegida, aunque ése sea el objetivo principal, es decir, pasar de la agricultura tradicional a la protegida”.

El costo depende del cultivo

Cuestionado sobre el costo que se requiere para instalar un invernadero, Gómez Pliego manifestó que está en relación de cuánto se quiere producir.

“Un buen agricultor de Sinaloa produce 75 toneladas de jitomate a campo abierto, mientras que un buen agricultor bajo invernadero produce 600 toneladas; con ello quiero decir, que el costo no tiene valor, si lo que queremos es producir.”

Indicó que en la agricultura protegida hay costos desde 30 hasta mil pesos el metro cuadrado, dependiendo del grado de tecnología que tenga el invernadero, o sea que el costo tiene que ver con la tecnología que se utilice.

El presidente AMCI reconoció que la importación de tecnología y de invernaderos —que antaño representó un 80 por ciento— procedente principalmente de Europa (España, Israel, Francia), así como de Estados Unidos y Canadá, ha contribuido al desarrollo de los invernaderos en México.

Capacitación y mercado

Más adelante, Gilberto Gómez aclaró que “la agricultura de campo abierto y la agricultura bajo invernaderos son dos cosas totalmente distintas, es por ello que lo primero que tiene hacer un productor que deseé incursionar en la producción en invernadero, es capacitarse”.

Una vez capacitado, tiene que escoger en qué región del país y qué tipo de invernadero se quiere tener. Una vez resuelto este asunto tiene que conocer la norma sobre invernaderos para saber qué comprar.

No obstante, advirtió que antes de instalar un invernadero, el productor tiene que aprender a manejarlo, cuáles son los riesgos y las ventajas; tener vendida la cosecha que va a producir, es decir, tiene que tener una programación de ventas; de lo contrario irá al fracaso. Tiene que conocer clima, suelo, tipo de agua, vías de comunicación.

Manifestó que existen empresas dedicadas a construir con tecnología mexicana invernaderos chicos, con una producción de 200 toneladas de jitomate, mientras que hay grandes que manejan arriba de 500 toneladas del mismo cultivo.

También las hay especializadas en la elaboración de invernaderos de pimientos morrones para exportación, así como pequeñas empresas que se dedican a hacer invernaderos con tecnologías locales o regionales.

La AMCI tiene una membresía de 34 socios constructores, surgió con el objetivo primordial de unir al gremio para crear una norma de construcción.


En México existen siete mil hectáreas de invernaderos, de las cuales 500 son de flores y el resto —seis mil 500— de hortalizas; además de cinco mil hectáreas de túneles.

Una tecnología muy fresa

Producir fresas en invernadero bajo sistema hidropónico es una opción que no sólo permite obtener frutos de gran calidad y altos rendimientos, sino que además se vuelve algo redituable durante la época en que no se produce fresa en nuestro país, porque en ese momento el producto llega a alcanzar precios hasta tres veces más elevados de lo que cuesta normalmente.


Iniciar una inversión de este tipo, no es cualquier cosa. En principio implica determinar la ubicación ideal para el invernadero; tener una estrategia de producción para abastecer el mercado; saber a quién, cómo y a qué precio se venderá el producto y contar con el personal técnico capacitado.

Una vez que se han considerado los aspectos anteriores se empieza por acondicionar el invernadero. La producción bajo sistema hidropónico requiere la instalación de soportes suspendidos para evitar que los frutos tengan contacto con la tierra, dichos soportes pueden ser canaletas o algún otro material siempre y cuando se tome en cuenta que el invernadero debe soportar una carga mínima de 25 kilogramos por metro cuadrado.

La altura conveniente para instalar las charolas que sostendrán el sustrato va de 1.2 a 1.5 metros sobre el nivel del suelo —alturas mayores complican la observación de las plantas y el manejo del cultivo), mientras que la distancia entre hileras que se recomienda de 0.8 al 0.1 metro.

El sustrato que deberá utilizarse puede ser turba, lana de roca, perlita o fibra de coco, éste puede contenerse en bolsas de 0.5 a 1.0 metro de longitud o en macetas de 4.5 litros de capacidad.

El sistema de riego debe ser de precisión, capaz de otorgar agua y nutrientes a intervalos cortos y bajo volumen, además de tener un adecuado sistema de filtrado acorde a las necesidades de flujo, y de ser posible con válvulas solenoides que operen el sistema en función de la necesidad de agua de las plantas.

Calor con moderación

La mayoría de los cultivares de fresa provienen de clima templado, por lo que requieren de cantidades moderadas de calor.

De ser necesaria, la calefacción del invernadero se puede lograr con generadores de aire o mediante la circulación de agua caliente a través de una tubería. El primer sistema es adecuado para invernaderos chicos o de tamaño medio, en los que no es costeable instalar un sistema de agua caliente; mientras que el segundo se aplica generalmente a invernaderos de alta tecnología.

Expertos de la Universidad Autónoma de Chihuahua señalan que en primavera las temperaturas deseables dentro del invernadero son de 12°C en el día y 8°C en la noche para el crecimiento inicial en enero y febrero.

Una vez que aparecen yemas, la temperatura se debe incrementar gradualmente a 16°C en el día y disminuir a 10°C por la noche cuando se observen frutos de color verde. Durante la floración, la ventilación debe operar cuando se tengan temperaturas mayores a los 20°C ya que de lo contrario —dicen— se obtendría un crecimiento pobre y frutos malformados.

Para verano y otoño la temperatura del aire no debe exceder los 24°C disminuyéndose con excelente ventilación para evitar que se altere la polinización, se reduzca el contenido de materia seca y aumente la presencia de frutos pequeños. En septiembre se debe mantener a 16°C durante el día y 10°C por la noche hasta finalizar la cosecha. En invierno, para satisfacer las necesidades de frío de la planta, se requiere de un periodo de enfriamiento de 30 a 35 días por debajo de los 7°C.

Los especialistas indican que en cultivos tempranos o tardíos, es posible aumentar de 6 a 10 por ciento el rendimiento si se inyecta en la atmósfera dióxido de carbono entre 350 a 900 partes por millón, poco después del amanecer y una hora y media antes de la puesta del sol. Pues, comentan, esta acción propicia un mayor crecimiento de las hojas, lo que beneficia el tamaño de los frutos, su contenido de azúcar y ácido, mejorando su sabor y vida de anaquel.

En cuanto a la nutrición del cultivo, recomiendan reducir el contenido de nitrógeno al principio del año e incrementar el potasio durante la fructificación para mejorar su sabor y vida de anaquel, así también aplicar fósforo para fortalecer el sistema radicular y fierro para mejorar el color de sus hojas.

Manejo poscosecha

Algo que nunca se debe dejar de lado durante el proceso de cultivo, son las “buenas prácticas agrícolas”. Por eso al momento de cosechar, los frutos deben ser recolectados de las seis de la mañana a las 12 del día dejándoles el pedúnculo con longitud de cinco a seis milímetros y colocándolos, sin tocar, en bandejas de plástico.

Después, estos recipientes se acomodan en cajas que de manera inmediata se guardan en un cuarto frío para mejorar su apariencia y vida de anaquel por las subsecuentes 72 horas; sin olvidar que la transportación del producto también debe hacerse bajo un sistema de refrigeración.


Combate biológico de plagas

• Para evitar los insectos plaga y enfermedades que comúnmente atacan el cultivo de fresa, los expertos recomiendan manejar de manera adecuada el medio ambiente o utilizar hongos antagonistas como Trichoderma harzianum o Gliocladium virens, para el caso que se presente moho gris (Botrytis) o pudrición de raíz y de corona (Phytophtora fragaire).

• Mientras que para controlar los thrips, araña roja, araña de dos manchas y pulgón negro, se puede usar insectos benéficos como Phytoselius persimilis, Amblyseius sp, Therodiplosis persicae y Typhlodromus; o bien jabones suaves y extractos de plantas.